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Historia corta

Voces

Por Jared Rosen

Diez grandes reyes tomaron diez grandes tronos,

Lore

Diez grandes reyes tomaron diez grandes tronos,

Nueve coronas adornaron nueve cabezas.

Uno de ellos quedará para arañar sus montículos,

El cuervo, vivo y muerto.

-Antiguo poema demaciano, autor desconocido

Todo comenzó cuando el viejo Hubard, borracho hasta el tuétano luego de haber bebido hidromiel rancia y recordar las memorias insípidas de una batalla de la que posiblemente huyó, se encerró en una cabaña a las afueras de Bosque Dorado. Como buen vecino, Davil trató de derribar la puerta, pero ese pedazo de vejestorio tenía más fuerza de la sospechada. El viejo beodo apuntaló con todo su cuerpo la entrada mientras balbuceaba sobre alturas y arañas y ser picoteado hasta la muerte por pájaros muerte por pájaros. Nadie creyó que el pobre hombre estaba siendo picoteado hasta la muerte por nada, salvo por una botella, así que todos nos marchamos a casa y asumimos, como cualquiera lo haría, que el calvario se resolvería luego de un día pasada la resaca.

Solo pasó una noche.

El primer grito atravesó toda la aldea como si alguien lo hubiera arrancado del pecho abierto de Hubard, seguido por un segundo alarido, casi igual que el primero, pero peor. Fue mucho más agudo, como el metal oxidado envuelto en una arpillera metal oxidado envuelto en una arpillera. Profería palabras casi humanas con un ritmo casi humano hasta que la esposa del panadero gritó: —¡Magos!—, y se desató el infierno. La gente tomó sus armas, el alcalde (si es que así se le puede llamar al dirigente de un pueblucho de las tierras del interior) ahuyentó del salón de reuniones a cuantos pudo, se cubrieron con tablas las ventanas en un gesto de pánico desatado, todo eso. Quizás lo hayas visto unas cien veces, tal vez doscientas, desde que la Garra llegó al norte. Gente normal que enloquece frente al más mínimo atisbo de magia.

El punto es que eso sucedió cuando toda la situación se fue al garete. Pero siempre se puede tocar fondo, y lo que sucedió en Bosque Dorado fue incluso más allá.

¿No me crees?

Puedes comprobarlo. Bosque Dorado ya no está en ese sitio.

Pero me estoy adelantando y estaría siendo injusto con Davil. Verás, Davil era un espía de cuando aún se hablaba con honor sobre las pacificaciones del Freljord Crest icon.png Fréljord. Posteriormente, estuvo al servicio de la corona en sitios tan lejanos como Shurima Crest icon.png Shurima y las Islas de la Llama Azul. Había visto el mundo. Aquí en el oeste somos afortunados: lo peor que hemos avistado en las tierras del interior son unos cuantos dagarracos descarriados tras la temporada de eclosión, y tal vez uno o dos bandidos achicharrados, pero Davil sabía bien qué había allá afuera. Lo que podía estar allá afuera. Así es que congregó a cuantas personas estuvieran dispuestas a escucharlo y organizó un ejército campesino para que esos presuntos —magos— fueran presentados frente a la justicia.

Su plan era sencillo: al amanecer, iríamos todos de patrulla, de dos en dos. Nadie iría solo. Las cuestiones militares nos dan esperanza a todos, nos incitan a pelear. ¡Por nuestro rey y por nuestra nación! "¡Vamos, Demacia Crest icon.png Demacia!" y todas esas cosas.

Hasta que sale el sol y una familia desaparece.

Todos sus miembros. Eran cinco en total. Su granja quedó hecha añicos; el ganado asesinado en sus corrales. Todas las puertas cerradas desde adentro; las ventanas trabadas. Todos desaparecieron. El alcalde convoca una reunión, pero un par de campesinos no se presentaron. Cuando Davil los llama, algo responde. Pero no son ellos. Suena casi como ellos, como algo que se esfuerza por darle la forma adecuada a las palabras, pero ese sonido de jaula vieja y oxidada sigue penetrando, chillando y traqueteando como si no pudiera detenerse.

Ahora la gente tiene miedo. Un atrabancado se dirige a los campos con la espada en mano. Desaparece. Otro más lo sigue. Desaparece. Al herrero se le ocurre la brillante idea de dirigirse a caballo hasta Amberfel para llamar desde allí a la guardia, pero el caballo lo tira por la mitad del viejo camino de comercio y algo lo jala hacia las filas. Davil pregunta para saber si está todo bien y esa voz horrible balbucea algo: avisa que se dirigirá hacia Amberfel y llamará al guardia.

Davil pregunta una vez más y la voz responde: —Iré por el camino antiguo hacia Amberfel y llamaré al guardia—.

Hay algo de eso que... Es como un alfiler adentro de tu cabeza. Como que atraviesa la carne hacia algo mucho más oscuro. Podía verlo en el rostro de todos. Los padres abrazaban a sus hijos y se alejaban hacia sus hogares. Algunos otros solo atinaban a correr. Esa voz podía cortar todas las partes de una persona y dejarla vulnerable y temerosa, temblando en medio de una tarde abrasadora. Es como si arrancara algo de ti. Algo que busca.

Una niña pequeña dijo que vio algo parado sobre el campo, cerca del sitio en el que se encuentra el espantapájaros. Fue un detalle tan atípico, en medio de tantas cosas que están sucediendo, que ninguno de nosotros reparó en ella.

Pero debimos haberlo hecho.

Con la llegada de la noche, la mitad de las casas en la aldea tienen sus ventanas tapiadas. Se puede escuchar a sus moradores adentro. Se puede escuchar que susurran, murmuran, ríen como maníacos. Sobre qué, no tengo idea. Serpientes. Relámpagos. La oscuridad. Las paredes cerrándose. Cuchillos. El mar. Se ríen y gritan y suena como si todos se hubieran vuelto locos, como si estuvieran atrapados en un cuarto con aquella parte suya que no se atreven a enfrentar. Suena como si todos fuéramos presa de la misma pesadilla.

Después, las luces comienzan a apagarse. Una tras otra, en todas las casas tapiadas, las lámparas titilan y se extinguen. Y las voces se disuelven. Todas se callan de repente, excepto una. Hay algo que grazna detrás de la antigua forja. Murmura para sí. Sobre serpientes. Sobre relámpagos. Masculla sobre la oscuridad.

Davil, aquel pobre diablo, convoca al ejército y entra a la forja. Y yo... Yo estoy allí, con él. Tengo mi cuchilla. Tengo mi linterna. Pero las filas son profundas y la luz arroja sombras por todos lados.

No sé... qué fue lo que ocurrió con exactitud. Vi un rostro... o eso creo. Algo que me miraba, justo enfrente de Davil, pero era como si pudiera ver a través suyo. Como si ese rostro estuviera allí solo por mí. Todo asimétrico, con una arpillera torcida y dientes oxidados. Y detrás suyo... algo enorme. Unas piernas delgadas desparrancadas, algo vivo con cientos de pájaros negros agitándose dentro de una vieja jaula que arrojamos el año pasado al bosque. Y ojos. Muchos ojos.

Ahora no queda nadie en Bosque Dorado. Si nadie vino por mí... Soy el único que queda. Escuchar cómo aquellos gritos se desvanecieron detrás de mí mientras la luz carmesí se expandía a través de los tallos del maíz... Ese crujido enfermizo, y los bramidos, chillidos atormentados de cerdos y caballos...

¡Y los cuervos cuervos! Cientos de ellos... ¡Miles! Pero, en realidad, no son cuervos. ¿Que no te das cuenta? ¡Son humo y fuego! ¡No son reales! No podían ser reales.

¡Ellos siguieron esa voz! ¡La voz profunda y estruendosa detrás de todo esto! ¿No lo ves? ¿Acaso no...?

Oh, cielos... ¡Davil! ¡Lo dejé atrás! ¡Lo dejé allá, allá en las filas con aquel horrible espantapájaros! ¡Todos están muertos! Por todos los dioses... Debe haberme seguido. Una vez que prueba tu miedo, una vez que te conoce, no te suelta jamás. No te dejaré ir, no te dejaré...

¿Qué es esa voz?

¿Alguien la escucha?

¿Acaso no la escuchas?

¿Davil?

Referencias

 v · e
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