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Tahm Kench
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"El mundo entero es un río, y yo soy su rey."
- Tahm Kench Tahm Kench

Conocido por muchos nombres a lo largo de la historia, el demonio Tahm Kench viaja a través de las aguas de Runaterra mientras alimenta su insaciable apetito con la miseria de otros. Aunque pudiera parecer particularmente encantador y orgulloso, él va por el mundo físico como un vagabundo en búsqueda de su próxima presa inocente. Su lengua lengua puede aturdir incluso a un guerrero muy acorazado a una docena de pasos de distancia, y caer en su barriga es llegar a un abismo del cual hay poca esperanza de salir.

Rey del Río

Los canales de Valoran son antiguos, pero el demonio Tahm Kench es aún más antiguo. Desde los toldos lodosos de apuestas a orillas del río Serpentine, atravesando los salones de juegos de azar con costras de sal de Aguasturbias, hasta las mesas de apuestas bañadas en oro de Piltóver y Zaun... todos aquellos que han mirado con un dejo de codicia las riquezas de alguien más, conocen la interminable ansiedad que viene de un encuentro con el Rey del Río.

Los primeros relatos de la criatura fueron contados por viajeros que navegaban por el Serpentine. Advertían sobre un pez gigante, de enorme boca, quien atraía a los insatisfechos bajo la promesa de que obtendrían más. Una de estas historias fue la de un joven reconocido por su honestidad. A pesar de haber nacido bajo las costumbres de un barquero, deseaba tener una vida más allá del río que conocía tan bien, y el Rey del Río le prometió una experiencia inolvidable a cambio de que dijera una pequeña mentira. Parecía algo inofensivo, así que el barquero modificó la verdad en una conversación con su hermano. Esa noche, el demonio apareció, revelando una bifurcación en el río de la que el barquero jamás se había percatado. La siguió hasta un campamento de un pueblo foráneo, quienes le ofrecieron comida y bebida, y una compañía muy agradable. Conforme el amanecer se acercaba, y el barquero estaba satisfecho y preparado para regresar con su gente, el demonio volvió a aparecer, bajo la promesa de una experiencia aún más maravillosa, a cambio de otra mentira. Su interés despertó y el hombre aceptó el pacto, diciendo falsedades a sus huéspedes. El río se bifurcó nuevamente, llevándolo a una velada de grandes lujos. Esto continuó noche tras noche, hasta que los engaños del otrora honesto barquero eran tan sencillos de decir como respirar.

Cuando el río desembocó en el mar, se encontró solo y perdido... no quedaba nadie a quién mentirle. Tantas decisiones oscuras, todas hechas por él mismo, lo habían dejado sin manera de regresar a su hogar.

Los ríos salobres de la tierra firme se encargaban de llevar las historias del Rey del Río hasta las Islas de la Llama Azul, donde la criatura se hizo de un nombre conforme su leyenda crecía: Tahm Kench. En Aguasturbias, las fortunas están en su auge o en su declive, con riquezas saliendo y entrando con la corriente. Muchas historias de tabernas hablan de Tahm, un demonio de agua con un apetito insaciable por los juegos de azar, tanto así que la bestia locuaz se convirtió en un símbolo para muchas de las guaridas de apostadores de la ciudad y de las casas de pecados.

Cuando las Puertas del Sol facilitaron el comercio entre Aguasturbias y Piltóver, las historias de Tahm Kench se tornaron más populares en la Ciudad del Progreso, y en su submundo, Zaun. Allí, los niños conocen a Tahm como "Abrigo Doble", un pez tan enorme, que necesita dos abrigos unidos. Con un sombrero alegre y una sonrisa más amplia que el mismo Piltóver, genera envidia entre los jóvenes artífices. Se dice que vino durante un Día del Progreso a conocer a una inventora piltoviana y le ofreció una idea que con toda seguridad llamaría la atención de un clan adinerado. Lo único que pidió a cambio fue un mechón de su cabello. La ambiciosa mujer aceptó el pacto y, ciertamente, gracias a su trabajo consiguió un contrato lucrativo. Pero un solo invento no sería suficiente, y Abrigo Doble no se marchó, esta vez pidió sus encantadoras trenzas. Para no decepcionar a sus nuevos jefes, la inventora accedió, y Abrigo Doble las devoró en ese mismo lugar. Sin embargo, la mujer no era capaz de encontrar una gran innovación que pudiera dotarla de prestigio. El demonio volvió a surgir, ofreciendo un trato donde él se quedaría con la punta de uno de sus dedos. La semana siguiente fue una oreja. Un año transcurrió y, para ese momento, quedaba muy poco que la mujer pudiera ofrecer. Finalmente, llamó a Abrigo Doble, rogándole para que detuviera todo.

Él se rio, abriendo sus enormes fauces, y le dijo que la protegería de sí misma, e inmediatamente se la tragó.

El Rey del Río. El de gran papada. El viejo y aburrido barrigón. Abrigo Doble. El demonio Tahm Kench es conocido de muchas formas, pero todos los que las pronuncian han aprendido una sola verdad: sin importar qué tan fascinantes sean sus palabras, te perderás en su boca.

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Referencias

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