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"hay dos caminos que se abren ante ti, pero solo puedes elegir uno." - SorakaSquare Soraka

Como nómada del reino celestial, Soraka renunció a su inmortalidad para proteger a las razas mortales de su propia ignorancia y de sus instintos violentos. Se esfuerza por enseñar las virtudes de compasión y de piedad a todas las personas que conoce, guiando a los perdidos y sanando a los heridos. A pesar de todo lo que ha visto en este mundo, todavía cree que la gente de Runaterra tiene que alcanzar su potencial máximo.

Hija de las Estrellas

En una era anterior, cuando el propio tiempo aún era joven, los habitantes del reino celestial miraban a las razas nuevas de Runaterra con una preocupación creciente.

Estas criaturas se desviaban de manera salvaje, impredecible y peligrosa de los grandes designios pretendidos para ellas por aquellos que estaban arriba. Con frecuencia, las guías y los destinos que se habían tejido en el cielo nocturno pasaban desapercibidos o, aún peor, eran malinterpretados por los simples mentes mortales, llevándolos hacia el caos, la incertidumbre y el sufrimiento.

Harta de solo mirar, un ser celestial eligió descender al reino mortal, decidida a desenredar los nudos en el tapiz del mundo. Esta niña de las estrellas adoptó una forma de carne y hueso, y aunque la poderosa magia que corría por sus venas quemaba este nuevo cuerpo desde dentro, sabía que su sufrimiento era insignificante si podía ayudar a sanar todo aquello que estaba roto e incompleto.

Así surgió Soraka, con el objetivo de emprender un viaje para tranquilizar a los mortales con los que se cruzara.

Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de la capacidad de crueldad que poseían las personas de Runaterra. Ya fuera en los campos de batalla de conflictos ineludibles, en los sórdidos bajofondos de ciudades marginales o en las fronteras de la naturaleza indomable más allá de ellas, parecía que los enfrentamientos, las traiciones y el sufrimiento que Soraka atestiguó no tenían fin. Observó con impotencia cómo los mortales cortaron los hilos del destino que pudieron haber tejido juntos. Sus vidas eran demasiado cortas, pensó. Simplemente fueron incapaces de ver los patrones más grandes, ahora perdidos.

Pero mientras Soraka vivía entre ellos como una más, tratando de reparar, aunque fuera un poco del daño, sucedió algo increíble y completamente imprevisto.

En los gruñidos, los enredos, los nudos, y en los desprolijos saltos en los grandes patrones, Soraka se dio cuenta de cómo emergía un nuevo diseño involuntario, entretejido y de una complejidad abrumadora.

Sin saberlo, los salvajes mortales estaban forjando nuevos futuros para sí mismos. Desde el reino celestial en las alturas todo parecía caos puro; pero desde su nueva perspectiva, y bendecida por las estrellas para oponerse al paso del tiempo, Soraka ahora contemplaba una belleza casi perfecta. Así como los mortales tenían una profunda capacidad de practicar la crueldad, también poseían un potencial infinito de bondad y de inspiración que competía contra cualquier creación que estuviera en las estrellas.

Soraka se percató de que su misión no consistía en reparar ni en replicar el patrón celestial. Aunque una parte de ella anhelaba los destinos establecidos y reconfortantes de las estrellas, en lo profundo de su corazón sabía que los destinos estáticos no podrían contener al desenfrenado y dinámico potencial de la mortalidad.

Así que su trabajo adquirió un vigor renovado, impulsada por desbloquear las posibilidades no aprovechadas de todo lo que había conocido. Ahora, Soraka buscaba inspirar y guiar, en lugar de pastorear, para ver qué caminos aún no explorados descubriría cada uno de los mortales en su breve y radiante existencia.

Con el paso de los milenios, las leyendas de la Hija de las estrellas se han extendido por las tierras de Runaterra. Algunas tribus del Fréljord todavía hablan sobre una viajera; una sanadora con cuernos que apaciguaba las heridas provocadas por los inviernos más brutales. En las profundidades debajo de Zaun flotan rumores sobre una curandera de piel color lila que podía purificar los pulmones desgastados a causa de los estragos de la Calima alquímica. En la problemática Jonia, los mitos más antiguos de los Vastayashai'rei mencionan a una vidente que se comunicaba con las propias estrellas e invocaba su luz, tanto para sanar a los heridos como para quemar a quienes dañaran a las Tierras Originarias.

Actualmente, Soraka considera a las montañas de occidente de Targón su hogar. Ella cuida a una tribu vastaya aislada, les enseña sus métodos de curación y atiende silenciosamente sus propias necesidades (aunque lo que la atrae a la gran montaña y el tiempo que ahí permanecerá es algo que solo sabe Soraka).

En muchas ocasiones, ha visto a civilizaciones al borde de la destrucción y ha aprendido que no puede salvar a aquellos que no quieren ser salvados, ni obligarlos a ver lo que no desean ver.

De igual manera, Soraka está decidida a nunca dejar de intentarlo.

Referencias