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"Somos uno. Nada puede fragmentarnos." - Skarner OriginalSquare Skarner

Skarner es un gigantesco escorpión cristalino procedente de un oculto valle de Shurima. La antigua raza a la que pertenece, los brackern, es famosa por su sabiduría y su profunda conexión con la tierra, pues sus almas están fundidas con poderosos Crystal Spires cristales vitales que albergan los pensamientos y recuerdos de sus antepasados. En una época ya ancestral, los brackern entraron en estado de hibernación para evitar un terrible desastre de naturaleza mágica; pero, recientemente, unos sucesos amenazantes despertaron a Skarner. Ahora, el único de los brackern que no sigue dormido lucha por proteger a sus hermanos contra quienes quieren hacerles daño.

Vanguardia de Cristal

Mucho antes de que los hombres cruzaran los abrasadores desiertos de Shurima, las arenas albergaban una magia desatada y primordial. En un valle remoto, rodeado de escarpados acantilados y afiladas formaciones rocosas, la ancestral raza de los brackern excavaba las arenas para extraer cristales sin tallar. Cada una de estas nobles criaturas se fundía con una piedra, que albergaba su consciencia hasta mucho tiempo después de su muerte.

La desaparición de un brackern era una circunstancia poco frecuente, puesto que sus vidas terrenas se prolongaban milenios, pero ni siquiera la muerte significaba su final. Cuando perecía la forma mortal de una de ellas, su piedra vital era enterrada en el valle para que no corriese peligro hasta que pudiera desenterrarla un nuevo brackern. Con esta práctica protegían los vulnerables cristales, además de preservar la sabiduría de sus antepasados.

Como el número de piedras era finito, los brackern jóvenes buscaban los cristales destinados a ellos, mientras que la consciencia del interior de la piedra llamaba al brackern que había escogido para que heredara su magia y sus recuerdos. En un ritual sagrado, la roca se fundía con la Crystalline Exoskeleton carne cristalina e imbuía la mente de la criatura de recuerdos y conocimientos, además de infundirle una magia primordial. Un brackern sin cristal no sobreviviría mucho tiempo, pues carecía de la fuerza, la longevidad y el poder que otorgaban aquellas.

La joven criatura llamada Skarner pasó muchos años buscando el cristal que le estaba destinado. Azuzado por el miedo a morir antes de encontrarla, su deseo iba en aumento a cada luna que pasaba. Día y noche excavaba en la tierra, siguiendo un patrón metódico que dejó el valle y las colinas circundantes sembrados de intrincadas espirales.

Estaba a punto de rendirse cuando finalmente sintió que una consciencia ancestral llamaba a su mente. Se hundió en la tierra y se fue adentrando en ella más y más hasta sentir el calor del corazón del mundo sobre el caparazón. Pasaron los días, pero la consciencia fue haciéndose más insistente en su llamada. Finalmente, las pinzas de Skarner se cerraron sobre una piedra muy antigua y oyó un susurro ronco en el fondo de su mente. Aunque la voz era tenue, parecía conectada de una manera íntima a su consciencia. Skarner comprendió que había encontrado su piedra.

El cristal era más grande que ningún otro que hubiera visto y era tan antiguo que su luz se había atenuado hasta convertirse en un tenue fulgor. Su superficie estaba agrietada en varios puntos y había pasado tantos eones bajo tierra que se había opacado. Skarner la examinó con la máxima delicadeza, temiendo hacer más daño a un objeto tan antiguo. La luz apagada de su interior palpitaba como si respirase en respuesta a su presencia.

Inició el ritual de unión y se enterró profundamente con el cristal para pasar varias semanas sin sustento alguno. Aunque preso de una fatiga dolorosa y con los miembros atrofiados por las privaciones, no tenía miedo, pues la voz de la piedra lo reconfortaba. Finalmente, cuando el cristal se fundió con su cuerpo, unos recuerdos y una sabiduría ancestrales impregnaron todos sus pensamientos y sintió que lo embargaba una emoción estremecedora. Presenció momentos de increíble dicha y aplastante tristeza, sucedidos generaciones atrás. Sentía la magia a su alrededor, una magia que le infundía una profunda conexión con el mundo a través de un zumbido sordo y constante. Al mismo tiempo, percibía a sus hermanos, comunicándose en un diálogo de mentes desprovisto de palabras.

Cuando las fuerzas cataclísmicas de las Guerras Rúnicas comenzaron a devastar el mundo, los brackern temieron que pudieran provocar el fin de la especie. Por tanto, tomaron la decisión de hibernar para ocultarse hasta que los humanos se destruyeran mutuamente, como parecía destinado a suceder. Solo entonces volverían a salir de las arenas.

Los escorpiones cristalinos se enterraron así en lo más profundo del desierto de Shurima. Los más jóvenes y feroces se situaron cerca de la superficie, listos para despertar y defender a los demás en caso de peligro. La fuerza que había otorgado a Skarner su antiquísima piedra vital lo había hecho más poderoso que casi todos sus hermanos, así que fue uno de los últimos en sumirse en el largo sueño.

Durmieron durante siglos en pacífico aislamiento hasta que Skarner despertó, presa del pánico. Unas explosiones atronadoras sacudían el suelo en el lugar de reposo de los brackern. Los más cercanos a la superficie estaban aturdidos. Una banda de ladrones había descubierto a las dormidas criaturas y estaba arrancándoles los cristales de la carne. Skarner, protegido por el cristal de su ataque, surgió de la arena en un terrible frenesí de Crystal Slash pinzas puntiagudas y venenosos Impale aguijonazos. Aunque los ladrones eran muy numerosos, mató a muchos de ellos y el resto se dio a la fuga. Entonces quedó horrorizado al ver que era el único que estaba despierto y que muchos de los cristales de sus hermanos habían sido robados.

Trató de revivirlos, pero los hombres, en su precipitada e irracional codicia, habían destruido tantas piedras vitales que varios brackern murieron momentos después de que los despertara, mientras que otros no recuperaron la consciencia en absoluto. Durante semanas, caminó por la arena sobre sus dormidos hermanos, sumido en un luto apesadumbrado. Estaba seguro de que los cristales, en las manos de los hombres, no tardarían en ser destruidos y lamentaba también esa pérdida.

Sin embargo, muchas semanas después, al despuntar el alba, oyó unos ecos lejanos que lo llamaban en sus pensamientos. Eran gritos tenues, pero repicaban con nitidez sobre la tierra. Las voces de las piedras perdidas, aterrorizadas, acudían a él para implorarle que volviera a reunirlas con sus hermanos. Skarner titubeó, sin saber si debía ir en pos de los cristales perdidos, o continuar protegiendo a los supervivientes. Después de semanas borrando todo rastro de la excavación, incapaz de seguir soportando cómo sufrían sus hermanos a manos de los violentos humanos, decidió partir en su busca.

Comenzó así la ardua tarea de seguir el rastro a las piedras, con la esperanza de que nadie más descubriera al resto de su pueblo bajo la arena. Aunque es una búsqueda solitaria, en ocasiones oye la llamada de un cristal perdido y entonces lo embarga una sensación hecha de dicha y angustia a partes iguales. En tales ocasiones, Skarner convierte su tristeza en determinación inquebrantable y jura no descansar hasta haber recuperado la última de las piedras vitales.

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Referencias

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