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"Cuiden este mundo. Lo que está hecho, se puede deshacer." - Ryze OriginalSquare Ryze

Ryze, considerado por muchos como uno de los hechiceros más expertos en Runaterra, es un antiguo y endurecido archimago con una responsabilidad casi imposible de llevar. Armado con una constitución sin igual y una gran gama de conocimiento místico, se pasa la vida buscando Runas del Mundo, fragmentos de magia pura que alguna vez moldearon el mundo a partir de la nada. Debe recuperar esos glifos antes de que caigan en las manos equivocadas porque, aunque alguna vez se usaron para construir a Runaterra, también se pueden utilizar para destruirla.

Mago Rúnico

Ryze era tan solo un Error: Skin joven for Ryze is not specified in Módulo:SkinData/Data. cuando tuvo conocimiento de los poderes misteriosos que crearon el mundo.

Su maestro, un hechicero llamado Tyrus de Helia, pertenecía a una antigua orden cuya misión consistía en reunir y proteger los artefactos más peligrosos de Runaterra. Ryze oyó una conversación en voz baja entre Tyrus y otro mago, en la que discutían sobre algo llamado "Runas Geogénicas". Cuando Tyrus se percató de la presencia de su aprendiz, terminó de súbito la conversación mientras apretaba con fuerza el pergamino que siempre traía consigo.

A pesar de los esfuerzos de la orden, la existencia de las runas se hizo conocida; muy pocos eran capaces de siquiera entender su importancia o el poder puro que contenían, pero todos las concibieron como armas que podían utilizarse contra sus rivales. Ryze y Tyrus viajaron por diversos pueblos de Valoran tratando de apaciguar la paranoia y de mantener el control. Pero, con el tiempo, sus misiones se volvieron cada vez más precarias y Ryze podía percibir la creciente desesperación de su maestro. Finalmente, en los territorios Noxii donde Ryze había nacido, el primer golpe cataclísmico desencadenó lo que se conocería como las Guerras Rúnicas.

Se enfrentaron dos naciones y aumentaron las tensiones. Tyrus le imploró a sus líderes que dialogaran en la aldea de Khom, pero se dio cuenta de que este conflicto ya había superado su capacidad de mediar en él. En su huida a las montañas, Ryze y él contemplaron horrorizados el poder destructivo de las Runas Geogénicas.

La tierra bajo sus pies se hundió, parecía que chillaba y tenía arcadas, mientras que el cielo sobre ellos retrocedía, como si estuviera herido de muerte. Miraron hacia el valle donde habían estado los ejércitos rivales y contemplaron la locura: tal era la escala masiva de la destrucción que desafiaba todos los sentidos físicos. Los edificios y las personas habían desaparecido, mientras que el océano, que se encontraba a la distancia de un día hacia el este, se apresuraba a su encuentro.

Ryze cayó de rodillas y miró el gran hoyo desgarrado en el mundo. Nada quedó. Ni siquiera la aldea a la que solía llamar hogar.

La guerra se propagó rápidamente por Runaterra. Ryze se sintió obligado a unirse al conflicto, elegir un bando y poner a su servicio su fuerza mágica, pero Tyrus lo detuvo. Ambos debían guiar a los demás hacia la paz, y rezar por que quedara algo del mundo una vez que esto terminara.

Cada vez que se encontraban con aquellos que poseían las Runas Geogénicas, Tyrus les imploraba prudencia. Muchos recobraron la serenidad ante la amenaza de la aniquilación total; de hecho, aquellos que habían sufrido amargamente en la guerra habrían accedido a entregarle las Runas, mas ninguno de ellos se atrevía a ser el primero en hacerlo.

Con el paso del tiempo y la expansión del conflicto, Ryze notó que su maestro se volvía cada vez más distante. Mientras Tyrus asistía a reuniones clandestinas con grandes líderes y archimagos, enviaba a su aprendiz a hacer encargos que parecían poco importantes, en ocasiones por varias semanas. Al final, Ryze decidió enfrentarlo y, con horror, descubrió que Tyrus de Helia había conseguido de forma secreta no solo una Runa, sino dos.

Resentido y enojado, el viejo mago insistía en que los mortales comunes eran como niños malcriados jugando con poderes que no entendían. Ya no sería diplomático frente a megalómanos ignorantes. Tenía que detenerlos. Ryze trató de razonar con Tyrus, pero no tenía caso; frente a él estaba un hombre con defectos, susceptible a las mismas tentaciones que aquellos a los que condenaba. El encanto de las Runas lo había marcado. Quien alguna vez deseó solo la paz, ahora pretendía acabar con todas las cosas. Ryze tenía que actuar, incluso si eso significaba la destrucción de su único amigo y aliado en el mundo.

En un instante, desató toda la magia que pudo reunir. Un momento después, el cadáver de Tyrus ardía en el suelo.

Ryze temblaba mientras su mente batallaba por procesar lo que había hecho. Si estos artefactos mortales pueden corromper a un mago con la fuerza e integridad de Tyrus, ¿cómo podría arreglárselas él? Al mismo tiempo, sabía que no podía confiarle las Runas a ninguna otra alma...

Poco después, las grandes civilizaciones se destruyeron entre sí, poniéndole fin a la guerra. Fue entonces que Ryze comprendió la misión que había heredado: mientras hubiera alguna Runa Geogénica sin resguardo, Runaterra estaría condenada. Este conocimiento se convertiría en una carga solitaria; desde aquel día ha recorrido el mundo en busca de las últimas Runas. Continúa rechazando las implícitas promesas de poder de cada una de ellas, eligiendo, por el contrario, resguardarlas en lugares secretos, lejos de las miradas codiciosas y entrometidas.

Incluso con su vida prolongada artificialmente gracias a la magia a la cual se expone, Ryze no puede darse el lujo de descansar, ya que los rumores en torno a las Runas Geogénicas han vuelto y los habitantes de Runaterra parecen haber olvidado el precio que implica empuñarlas.

Referencias

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