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Historia corta • Lectura de 6 minutos

Respira Profundo

Por Anthony Burch

Piensan que Zaun es donde viven los perdedores.

Lore

Piensan que Zaun es donde viven los perdedores.

No lo admiten, claro, sonríen, nos dan palmadas en la espalda y nos dicen que Piltóver estaría perdido sin Zaun. ¡Nuestros duros trabajadores! ¡Nuestro rebosante comercio! ¡Nuestra tecnología química que todos en Piltóver pretenden no comprar, aunque lo hacen todo el tiempo! Zaun es una parte vital de la cultura de Piltóver, nos dicen.

Puras mentiras. Obviamente.

Creen que Zaun es adonde van los idiotas. Gente demasiado tonta para hacer vida en las torres doradas de Piltóver.

Gente como yo.

Pasé meses traficando resplandor para poder costear la aplicación a una pasantía como aprendiz en el clan Holloran. Estudié todos los libros usados que pude encontrar sobre mecanismos de engranajes. Construí un prototipo de órtesis para la gente con muñecas rotas o artríticas que incrementa su movilidad. Hice todo lo que pude para ganarme la pasantía de aprendiz en Piltóver. Incluso llegué a la etapa final del proceso de examinación: una reunión cara a cara con el mismísimo Boswell Holloran.

Dijeron que era una formalidad. Solo una forma de darme la bienvenida a la familia.

Entró en la habitación, miró mi ropa manchada de gris y se puso a reír, una risa ahogada y triste. Dijo: —Lo siento, chico, no aceptamos a ratas del sumidero—.

Ni siquiera se sentó.

Así que estoy de vuelta aquí. En Zaun. Un idiota más.

La Calima fluye por las calles, dándome la bienvenida. La mayoría de los días, no es tan denso y puedes respirar profundamente sin toser algo húmedo. Sin embargo, hoy, es lo que llamamos Calima Pura. Te ahogas con cada respiro. Tu pecho se siente apretado. No puedes ver más allá de la punta de tus dedos. Quiero huir, pero sé que no hay a dónde huir. Siento como si la Calima me estuviera rodeando, aplastándome, asfixiándome.

Entonces es cuando le rezo a Janna Janna.

No todos en Zaun creen que es real, pero mi madre siempre fue creyente. Me dijo que un pájaro azul pájaro azul rondaba por su ventana el día de mi nacimiento y que ella sabía, sabía, que era Janna diciéndole que yo iba a estar bien.

Estaba equivocada. Al final, yo no estaba bien. Hace un par de años, mi madre murió mientras chatarreaba en el Sumidero y tuve que criarme con el poco equipamiento que me dejó. Seguido de lo usual: no podía hacer amigos. Me golpeaban con frecuencia. El chico que me gustaba no me correspondía. Intenté estudiar, intenté llegar hasta Piltóver. Fracasé. Supuse que Janna se había olvidado de mí.

Pero aún conservo el colgante que mi madre me dio: un grabado de madera del pájaro azul que vio. Solo para momentos como este.

Así que me siento en el suelo mojado, porque no me importa lo suficiente como para encontrar una banca, saco el colgante del pájaro azul que siempre guardo dentro de mi camisa y hablo con Janna.

No en voz alta, por supuesto, no necesito que la gente crea que soy un fenómeno quemado por los químicos, pero aun así, hablo con ella.

No le pido nada. Solo le cuento de mi día y del día anterior a ese, qué tan asustado estoy de que nunca me convertiré en nada que valga la pena y que moriré aquí enterrado en el Sumidero, sin haber logrado nada, como mi madre, y cómo a veces me gustaría huir a algún lugar donde pueda respirar y dejar de estar tan asustado, sin querer llorar todo el tiempo, acerca de cómo me odio por querer llorar porque mi situación es más sencilla que la de mucha gente, y de cómo algunas veces pienso en aventarme a las piscinas de químicos del Sumidero, simplemente aventarme con mi madre, dejarme hundir hasta el fondo, mis pulmones llenos de fluidos, porque al menos así al fin acabaría. Le digo a Janna que espero que esté bien. Que espero que sea feliz, en donde quiera que esté.

Es ese momento siento una brisa acariciar mi mejilla. Solo una ligera agitación, pero está ahí. Pronto, puedo sentirlo soplando en mi cabello, por la cara. El viento sopla estridente y rápido, y pronto está agitando mi abrigo en el aire y siento como si estuviera en el centro de la vorágine.

La Calima se arremolina ante mí, empujado por una corriente que parece fluir de todos lados al mismo tiempo. La niebla se disipa lentamente y puedo ver a otro caminante en el nivel de Entresol, observando cómo se aleja.

El viento se detiene.

La Calima se despeja.

Puedo respirar.

No solo pequeñas bocanadas de aire, sino profundos respiros que llenan mis pulmones con aire frío y fresco. Ahora que no está cubierto por la Calima, el sol brilla, atraviesa las torres de Piltóver y llega a Zaun.

Puedo ver a los piltovianos mirándonos desde arriba. Sin la Calima nublando su vista, pueden vernos desde sus puentes y balcones. No creo que les guste mucho. Nadie quiere que le recuerden que vive sobre un tugurio; veo un par de ceños fruncidos.

Ahí es donde lo vuelvo a ver: Boswell Holloran. Sujetando un pastelillo en su mano, mirándome despectivamente de nuevo. Una expresión de disgusto en su rostro, justo como antes.

Estoy tan ocupado mirando su desdeñosa cara que no me doy cuenta de la presencia detrás de mí hasta que su mano está en mi hombro.

—Está bien—, dice ella, y sé quién es sin tener que darme la vuelta.

Me aprieta el hombro, después se arrodilla y cruza sus brazos frente a mi pecho, acercándome para abrazarme.

—Todo va a estar bien—.

Mechones de su cabello caen en mis hombros. Huele al aire después de una larga lluvia.

—Puede que ahora las cosas no vayan bien. Es probable que no estés bien por un tiempo. Y eso está bien. Pero un día, sin saber exactamente cuándo o por qué o cómo ocurrió, te sentirás feliz—, me explica. Mi rostro se siente cálido y húmedo, y no sé cuando empecé a llorar, pero es un alivio, como si las nubes se estuvieran despejando. Tomo sus brazos y ella me abraza, solo me repite una y otra vez que está bien, que ella está aquí y que todo mejorará.

No se por cuánto tiempo me abrazó, pero pronto veo que todos en el Entresol de Zaun y la gente de los balcones de Piltóver está observando.

Antes de que pueda decir algo, me dice: —No pienses en ellos. Solo ocúpate de ti. ¿Me harías ese favor?—

Intento hablar, pero solo asiento.

—Gracias—, dice, besa mi mejilla mojada y me da un último abrazo.

Se levanta y se aleja. Por primera vez, la veo en su totalidad: una alta figura etérea que hubiera pensado que era producto de mi imaginación si no acabara de tocarme. Veo sus largas y puntiagudas orejas. Pies que no tocan el suelo. Cabello flotando en el viento, aun cuando ahora mismo no hay. Ojos tan azules que siento un poco de frío solo de verlos.

Pero después ella sonríe, me guiña y dice: —Querrás ver la siguiente parte—.

Hay una gran ráfaga de viento, tan rápida y brusca que debo cubrirme los ojos. Cuando los abro de nuevo, ya no está, pero el viento sigue soplando. Sopla hacia Piltóver y sus torpes ciudadanos.

Silba mientras adquiere velocidad y fuerza, y los piltovianos corren para cubrirse, pero es demasiado tarde, la corriente los golpea con toda su fuerza, y envía sus trajes al aire y alborota su cabello. Boswell Holloran da alaridos de terror cuando el viento lo hace caer del balcón.

Pareciera que está a punto de caer hacia una muerte segura, pero otra ráfaga se dirige hacia él y su descenso se ralentiza mucho, mientras el como si el viento lo estuviera guiando hacia abajo. Pero pareciera que él no se dio cuenta. Aunque está cayendo con la velocidad de una hoja, grita durante todo el recorrido hacia abajo. Con una voz muy aguda. Bastante indigno.

Su ropa ondea hacia arriba y lo golpea en la cara mientras desciende, hasta que planea unos pocos centímetros arriba de un charco.

—Yo...— comienza, antes de que el viento desaparezca y caiga en el charco; su costoso atuendo queda arruinado. Pide auxilio con una mezcla de sorpresa, dolor e irritación, chapoteando como un niño enojado. Intenta ponerse de pie, pero solo logra resbalarse y volver a caer. Si soy completamente honesto, parece un idiota.

Y no puedo parar de reír.

Referencias

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