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"Consumido en la inmensa oscuridad, nada resta salvo seguir adelante." - NautilusSquare Nautilus

Una solitaria leyenda, tan antigua como los primeros muelles que se hundieron en Aguasturbias, el coloso de la armadura conocido como Nautilus merodea por las oscuras aguas de la costa de las Islas de la Llama Azul. Impulsado por una traición olvidada, ataca sin advertencia, blandiendo su enorme Staggering Blow ancla para salvar a los desdichados y para arrastrar a los ambiciosos hacia su perdición. Se dice que va por aquellos que olvidan pagar el "tributo a Aguasturbias", hundiéndolos debajo de las olas con él. Un recordatorio revestido de hierro de que nadie puede escapar de las profundidades.

Titán de las Profundidades

Para comprender la leyenda de Nautilus, es necesario conocer primero al hombre... Porque incluso la más increíble de las historias de taberna dice que él era un hombre.

A pesar de que las olas se llevaron el nombre con el que nació, la mayoría no recuerda a Nautilus como un simple marinero, sino como un buzo salvaje. Un poco más allá del acceso al extremo sur de las Islas de la Llama Azul, existe un cementerio de embarcaciones; los rumores dicen que se perdieron en búsqueda de una tierra bendita, queriendo intercambiar riquezas por inmortalidad. En un buen día, su brillo invoca desde debajo de la superficie. Muchas tripulaciones enviaron a sus buceadores en búsqueda de las riquezas perdidas, y ninguno podía igualar la habilidad de Nautilus, quien era corpulento y tenía la destreza de sumergirse a gran velocidad.

Con pulmones que podían robarle el aire a las velas de los galeones, Nautilus prefería el buceo libre. A pesar de que siempre traía grandes riquezas y joyas a la tripulación, el hombre no exigía una remuneración extraordinaria; su única petición era que el capitán debía arrojar una moneda por la borda mientras zarpaban, para honrar y apaciguar al vasto mar. Para un marinero era cumplir con una superstición, pero muchos temerosos del mar hacían esas ofrendas para asegurarse de volver a salvo.

Muchos años de salvataje disminuyeron los tesoros fáciles, y cada vez los botines eran menores, hasta que un día la tripulación de Nautilus supo que alguien había comprado su embarcación y papeles de trabajo.

El alba era escarlata en la mañana que el nuevo capitán llegó a bordo. Proveniente de un puerto foráneo, trajo consigo un traje gigantesco de bronce y hierro. Centró su mirada en Nautilus, ciertamente había comprado el navío pensando en él. Era evidente que el capitán tenía una obsesión con un naufragio en particular, uno envuelto en la oscuridad incluso en un día despejado. La armadura de buceo podía resistir las profundidades del lecho marino durante mucho más tiempo que cualquier hombre, el tiempo suficiente para recolectar lo que estaba oculto en la oscuridad anómala.

La tripulación estuvo de acuerdo en que era mejor trabajar que morirse de hambre, así que Nautilus se colocó el traje. Era tan pesado que la cubierta de madera crujía por la carga. El pánico se apoderó de su garganta cuando se percató de que no tenían nada para ofrecer al océano. El capitán foráneo dejó escapar una carcajada mientras Nautilus era sumergido en el agua. Le aseguró a la tripulación que, lo que fuera que protegía la Gran Barbuda, los haría a todos ricos, más de lo que pudieran imaginar en sus sueños más locos. Cuando Nautilus regresara a la superficie, harían su tonto sacrificio.

Conforme Nautilus se hundía, la luz de la superficie se difuminó y todo quedó en silencio. La respiración del hombre resonando en el traje de hierro era lo único audible. Fue entonces cuando algo surgió de las profundidades. Estaba siendo arrastrado hacia abajo y, por primera vez, Nautilus sintió cómo el miedo envolvía su corazón. Lo que su capitán quería no eran riquezas, sino un poder sobrenatural latente.

Nautilus se aferró a la cadena del ancla, su última conexión con el mundo en la superficie, y se impulsó hacia arriba, sin importar que lo que fuera que estuviera abajo intentaba hundirlo más. Pero el peso era demasiado. Cuando sus dedos metálicos estaban por surgir a la superficie, la cadena se rompió. Nautilus gritó dentro del traje, pero nadie pudo escucharlo. Cayó de vuelta al turbio remolino, aferrándose desesperadamente al ancla que se hundía. Oscuros tentáculos lo envolvieron, y solo pudo ver cómo el contorno tenue de su embarcación desaparecía. Después, todo se volvió negro.

Cuando Nautilus despertó en el fondo del océano, él era algo... distinto. La oscuridad ya no podía hacerle daño. El grandioso Titan's Wrath traje metálico se había convertido en un caparazón que lo envolvía, ocultando el vínculo que el poder primordial había desarrollado con su espíritu. Atrapado en las profundidades sin sol, solo podía recordar una cosa... la promesa rota del nuevo capitán.

Nautilus juró, allí y por siempre, que todos pagarían la ofrenda al océano. Él se encargaría de que así fuera.

Impulsado cada vez más por este pensamiento, se arrastró hacia la costa. Pero cuando finalmente llegó a Aguasturbias, habían pasado muchos años, y no pudo encontrar rastros del capitán ni de la tripulación. No había vida a la que pudiera regresar, ni venganza que pudiera cobrar. En su lugar, regresó al mar y desató su furia contra los ambiciosos, perforando sus embarcaciones con su poderosa Staggering Blow ancla.

Algunas veces, en los vaivenes de las olas, los recuerdos lejanos de quien fue alguna vez emergen... pero el hombre que es Nautilus permanece ahogado debajo de la superficie.

Referencias