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Historia corta • Lectura de 3 minutos

La Tumba del Niño Trol

Por Leslee Sullivant Heintz

—¿Qué tal un cuento antes de dormir?

Lore

—¿Qué tal un cuento antes de dormir?—

—Abuela, ya estoy grande para eso.—

—Nunca se es demasiado grande para que te cuenten una historia.—

La niña se metió en la cama de mala gana y esperó la historia, sabiendo que esta batalla no la ganaría. Un viento cruel aullaba en el exterior y azotaba la nieve formando diabólicos remolinos.

—¿Qué clase de cuento? Uno de la Bruja de Hielo Bruja de Hielo, ¿tal vez?—, preguntó la abuela.

—No, de ella no.—

—¿Qué tal uno sobre Braum Braum?—

La niña asintió con la cabeza y la anciana sonrió.

—Hay muchos. Mi abuela me contaba historias sobre la vez en que Braum protegió nuestra aldea del gran dragón dragón3. O sobre aquella vez, hace mucho, cuando corrió sobre un río de lava. O...—

Hizo una pausa y se movió la cabeza. —¿Te he contado alguna vez de dónde sacó su escudo escudo?—

La niña dio un silencioso o por respuesta. En su hogar, el fuego chisporroteaba manteniendo el viento a raya.

—Bueno. El caso es que en las montañas que hay sobre la aldea vivía un hombre llamado Braum... Se ocupaba sobre todo de cuidar su granja, sus ovejas y sus cabras, pero era el hombre más amable que jamás haya existido y siempre tenía una sonrisa en la cara y una carcajada lista para explotar.—

—Entonces, un mal día, sucedió algo: un pequeño niño trol, más o menos de tu edad, estaba subiendo la montaña y se encontró con una cámara excavada en la roca misma, cuya entrada estaba protegida por una gigantesca puerta de piedra con un fragmento de Hielo Puro fragmento de Hielo Puro en el centro. Cuando abrió la puerta se quedó boquiabierto: la cámara estaba repleta de oro, joyas... ¡Todos los tesoros que puedas imaginar!—

—Pero lo que él no sabía era que se trataba de una trampa. La Bruja de Hielo había echado una maldición al lugar y en cuanto entró el joven trol, ¡la puerta mágica, con un ruido atronador, se cerró tras él y lo dejó encerrado! Por mucho que lo intentó, fue incapaz de salir.—

—Un pastor que pasaba por allí oyó sus gritos. Todos acudieron corriendo para ayudarlo, pero ni los guerreros más fuertes pudieron abrir aquella puerta. Los padres del niño estaban desolados. El eco del llanto de su madre resonaba en las montañas. Parecía que no había esperanza.—

—Pero entonces, para sorpresa de todos, se oyó una risa en la distancia.—

—¿Era Braum?—

—¡Qué niña tan lista! Braum había oído los gritos y bajaba a grandes zancadas por la ladera. Los aldeanos le contaron lo que le había pasado al niño trol y lo de la maldición. Braum sonrió, asintió, se volvió hacia la cámara y se plantó frente a la puerta. La empujó. Tiró de ella. La golpeó con los puños. Le dio puntapiés. Trató de arrancarla de sus goznes. Pero la puerta se negó a ceder.—

—¡Pero si es el hombre más fuerte que ha existido!—

—Era algo sorprendente—, reconoció su abuela. —Cuatro días con sus noches pasó Braum sentado sobre una roca, tratando de pensar en una solución. Al fin y al cabo estaba en juego la vida de un niño.—

—Y entonces, al salir el sol el quinto día, sus ojos se abrieron de par en par y afloró una gran sonrisa a sus labios. 'Si no puedo cruzar la puerta', dijo 'tendré que atravesar...—'

La niña lo pensó un momento. Se le abrieron grandes los ojos. —¡La montaña!—

—La montaña, sí. Braum volvió a subir a la cima y comenzó a abrirse paso por la roca a puñetazos, uno tras otro, dejando tras de sí una estela de piedras, hasta estar muy dentro de la montaña.—

—Mientras los aldeanos observaban conteniendo la respiración, la roca que rodeaba la puerta se desmoronó... y al posarse el polvo que se había levantado, vieron a Braum en medio del tesoro, con el niño trol en los brazos, débil pero feliz.—

—¡Sabía que podría salvarlo!—

—Pero antes de que tuvieran tiempo de celebrarlo, todo empezó a tronar y a temblar: ¡El túnel abierto por Braum había debilitado la montaña, que comenzó a desmoronarse! Sin perder un segundo, Braum agarró la puerta mágica y la colocó sobre su cabeza para protegerlos del desplome de la montaña. Cuando todo terminó, Braum se quedó estupefacto: ¡La puerta no tenía un solo rasguño! Braum sabía que había encontrado algo muy especial. Y desde aquel momento, ese escudo mágico no se ha separado un momento de su lado.—

La niña, sentada en la cama, sonrió intentando ocultar su entusiasmo.

—Cuéntame otra historia, abuela.—

—Mañana.— Su abuela sonrió, le dio un beso en la frente y apagó la vela de un soplido.

—Ahora tienes que dormir y hay muchas más historias esperándote.—

Referencias

 v · e
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