Wiki League of Legends
Advertisement
Wiki League of Legends

Lissandra Legend of the Frozen Watchers.jpg
EditarImagenReferencia

Fréljord Crest icon.png

Historia corta

La Leyenda de los Vigilantes de Hielo

Por Laurie Goulding

De todos los relatos del antiguo Fréljord que de alguna manera han sobrevivido hasta la era moderna, existe uno, y solo uno, que puede helarle la sangre hasta al Hijo del Hielo más fuerte.

Lore

De todos los relatos del antiguo Freljord Crest icon.png Fréljord que de alguna manera han sobrevivido hasta la era moderna, existe uno, y solo uno, que puede helarle la sangre hasta al Hijo del Hielo más fuerte.

La Freljord Frostguard.png Guardia de Hielo prefiere no contarlo. Muchos ni siquiera conocen el relato completo.

Por decreto de Lissandra Lissandra, la mismísima Bruja de Hielo, perpetuar esta leyenda prohibida se considera una herejía contra la fe verdadera y se castiga con pena de muerte a cualquiera que la narre en voz alta. En todas las vastas bibliotecas de la Ciudadela de la Guardia de Hielo, solo perdura un registro escrito que tiene miles de años de antigüedad, obra de su escriba de mayor confianza. Ciertamente, son pocos los individuos en toda Runaterra que conocen la verdad detrás de la leyenda. Lissandra puede contar con los dedos de una mano a los que presenciaron los hechos y podrían ser capaces de contradecirla...

Fue durante los últimos y oscuros días de la Guerra de las Tres Hermanas, cuando Avarosa y Serylda movilizaron a sus guerreros hasta las montañas para enfrentarse a Lissandra ante las murallas de su propia fortaleza. No servirían a los amos sobrenaturales con los que ella se había comprometido. Esto le pondría un fin.

La Bruja de Hielo le hizo un gesto a los ejércitos que dirigían, la gran alianza que por fin había sometido estas tierras salvajes. Los mortales Hijos del Hielo eran casi inmunes al frío del invierno. Los reyes troles deambularon a lo largo y ancho de la tundra, amasando vastas fortunas con sus conquistas. Incluso los majestuosos y terribles Caminantes Funestos, alejados de su forma original, ahora marchaban bajo las órdenes de las Tres.

Todo esto, les recordó Lissandra a sus hermanas, era producto del trato que ella había hecho con los amos del reino de las profundidades: los seres que ella conocía como los Vigilantes. Fueron ellos quienes le revelaron los secretos primigenios del mundo. Serían ellos quienes obtendrían la victoria definitiva.

Y fue entonces, en el punto más álgido de este amargo enfrentamiento, que finalmente llegaron los Vigilantes a Runaterra.

La tierra se abrió, arrastrando a miles de guerreros al abismo debajo de ella, antes de que el primer ser del terror comenzara su existencia. Todo en el reino material era nuevo para este ser, desconcertado por nociones tales como la forma y la constancia. De inmediato, se manifestó en su contra. En una horrible revuelta de metamorfosis sin control, le brotaron cuernos y retazos de pelaje. Sus colosales extremidades como tentáculos se convirtieron en brazos humanoides articulados con dedos que arañaban la roca desnuda de las laderas de las montañas. Lo más grave fue que otros Vigilantes comenzaron a despertarse, atormentados por sus propias transformaciones horripilantes.

Sería justo suponer que se libró una batalla y que los Hijos del Hielo se movilizaron detrás de Avarosa y Serylda para luchar contra la oscuridad. Pero, en realidad, fue Lissandra quien puso el punto final. Vio a esas abominaciones por lo que realmente eran y supo lo que debía hacer.

Al invocar hasta la última pizca de magia ancestral a su alrededor, incluida la de sus aliados, sacrificó todo para sellar con Hielo Puro la grieta entre los reinos y sepultar a los Vigilantes. Grandes columnas de vapor helado se cernieron sobre el abismo. Aquellos guerreros mortales que lograron escapar perdieron la cordura por todo lo que habían presenciado.

Por lo tanto, esta no es solo la leyenda de cómo Lissandra salvó al mundo de la destrucción, sino también el único relato de primera mano del martirio de Avarosa y Serylda.

Que las Tres se apiaden de quien lo lea.

Media

Referencias

 v · e