Wiki League of Legends
Advertisement
Wiki League of Legends

Lux Last Light.png
EditarImagenReferencia

Demacia Crest icon.png

Historia corta • Lectura de 4 minutos

La Última Luz

Por Graham McNeill

Ante la adversidad del desastre, Lux arriesga todo por el bien de un soldado herido.

Lore

El terremoto había impactado a Terbisia al amanecer, la tierra se había estremecido como un potro salvaje y se habían abierto enormes grietas. Lux Lux, montada sobre Estrella de Fuego, atravesó las ruinas derrumbadas de la barbacana defensiva. Parecía como si los muros de diez metros de altura de piedra blanqueada por el sol hubieran sido bombardeados, durante semanas, por máquinas de asedio noxianas. Condujo a su caballo con cuidado entre los bloques caídos de mampostería y se dirigió hacia donde se había establecido un hospital improvisado, en el interior del pabellón de un mercado azul y blanco.

Lux jamás había visto semejante magnitud de devastación. Los edificios de Terbisia estaban hechos de granito duro de montaña y roble demaciano, construidos con la fuerza de la comunidad. Y la mayoría ahora estaba en ruinas. Cubiertos en polvo, hombres y mujeres excavaban en las ruinas destruidas con picos y palas, esperando encontrar sobrevivientes; pero, en lugar de eso, sacaban cadáveres de los escombros. Calles enteras habían desaparecido entre los abismos humeantes que ahora dividían los distritos de la ciudad.

Lux desmontó en cuanto llegó al pabellón y entró. No era una sanadora, pero podía buscar y traer cosas o simplemente sentarse con los heridos. Había pensado que ver la magnitud de la devastación la prepararía para todo el dolor dentro de la carpa.

Estaba equivocada.

Cientos de sobrevivientes extraídos de los escombros estaban tendidos sobre sábanas de lana. Lux escuchó a madres y padres llorando por sus hijos perdidos, esposas y esposos aferrados a sus seres amados muertos y, lo peor de todo, los desconcertados huérfanos con ojos vidriosos deambulando sin rumbo y con miedo. Lux vio a un cirujano al que reconoció ataviado con un delantal endurecido por la sangre, lavando sus manos en un cuenco de peltre y se acercó a él.

—Cirujano Alzar—, dijo. —Dígame cómo puedo ayudar—.

El cirujano se dio vuelta, sus ojos se veían atormentados y rojos por las lágrimas. Le tomó un momento hasta que pudo apartar la niebla de dolor y reconocer a Lux.

—Señora Guardia de la Corona—, dijo Alzar, haciendo una pequeña reverencia.

—Lux—, respondió ella. —Por favor, ¿qué puedo hacer?—

El médico suspiró y dijo: —En verdad es una bendición verla aquí, mi señora, pero quisiera ahorrarle el horror de lo que ocurrió aquí—.

—No me ahorre nada, Alzar—, replicó bruscamente Lux. —Soy demaciana y los demacianos se ayudan entre sí—.

—Por supuesto, discúlpeme, mi señora—, dijo Alzar, respirando con cansancio. —Su presencia será una gran ayuda para los heridos—.

Alzar la condujo hacia un hombre joven que se encontraba tendido en un camastro bajo, cerca de la parte trasera del pabellón. Lux se quedó sin aliento al ver sus terribles heridas. Su cuerpo estaba destrozado, casi machacado por el peso de los escombros, y sus ojos estaban tapados con vendajes ensangrentados. Por su negativa estoica a mostrar dolor, supuso que era un soldado.

—Excavó y sacó a una familia de entre los escombros de su hogar colapsado—, dijo Alzar. —Los rescató, pero siguió buscando sobrevivientes. Hubo un segundo temblor y otro edificio cayó encima de él. Los escombros le aplastaron los pulmones y le entraron pedazos de vidrio en los ojos—.

—¿Cuánto tiempo le queda?—, preguntó Lux, con cuidado de bajar la voz.

—Solo los dioses saben, pero no le queda mucho—, contestó Alzar. —Si usted se queda a su lado, eso aliviará su paso a los brazos de la Dama del Velo Dama del Velo—.

Lux asintió y se sentó al lado del hombre moribundo. Le tomó la mano, inundada de tristeza por él. Alzar sonrió agradecido y volvió para ayudar a aquellos a los que sí podía salvar.

—Todo está tan oscuro—, dijo el hombre, que había despertado cuando ella lo tocó. —Dioses, ¡no puedo ver!—

—Calma, soldado. Dime tu nombre—.

—Dothan—, contestó entre jadeos por el esfuerzo.

—¿Tu nombre proviene del héroe de Baluarte del Alba?—

—Sí. ¿Conoces la historia? Es un antiguo cuento contra los salvajes—.

—Créeme, la conozco bien—, dijo Lux con una sonrisa de tristeza. —Mi hermano hermano me la contaba todo el tiempo cuando éramos niños. Siempre me obligaba a jugar a los corsarios freljordianos mientras él hacía el papel de Dothan, defendiendo el puerto él solo contra los vagapieles—.

—Yo intenté ser como él—, dijo el joven, su respiración se dificultaba y su voz se debilitaba. Un riachuelo de sangre se filtró por debajo de su vendaje, como si fuera una lágrima roja. —Intenté estar a la altura de mi homónimo—.

Lux tomó su mano entre las suyas.

—Lo estuviste—, dijo ella. —Alzar me dijo lo que ocurrió. Eres un verdadero héroe demaciano—.

Las líneas del rostro de Dothan se aliviaron un poco, su respiración se agitó y su fuerza comenzó a disminuir.

—¿Por qué no puedo ver?—

—Tus ojos—, dijo Lux lentamente. —Lo siento mucho—.

—¿Qué... qué ocurre con ellos?—

—El cirujano Alzar me dijo que tienes pedazos de vidrio en ellos—.

El hombre respiró bruscamente.

—Estoy muriendo—, dijo. —Lo sé... pero me... hubiera gustado contemplar la luz de... Demacia... una última... vez—.

Lux sintió el despertar de la magia en su interior, pero susurró el mantra que le habían enseñado los Iluminadores para evitar que la magia saliera. Con el paso de los años, había aprendido a controlar mejor su poder, pero algunas veces, cuando sus emociones estaban a flor de piel, le era difícil mantener las energías contenidas. Miró a su alrededor y, tras constatar que no había nadie mirando, colocó la punta de sus dedos en el vendaje ensangrentado que cubría los ojos de Dothan. Lux descargó la misteriosa luminosidad de su magia en el cráneo del hombre, a través de las partes no dañadas de sus ojos.

—No puedo sanarte—, dijo ella —pero al menos puedo concederte eso—.

El soldado le apretó la mano, boquiabierto y maravillado mientras la luz de Demacia brillaba dentro de él.

—Es tan hermosa...— susurró.

Referencias

 v · e
Advertisement