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Historia corta

Heroína de la Luna Helada

Por Matthew Dunn

Un héroe es alguien que responde al llamado de hacer lo correcto.

Lore

Un héroe es alguien que responde al llamado de hacer lo correcto.

Sacrifica todo por una única verdad, la de que este mundo frágil necesita protección.

Esto significa todo para Lissandra, que casi no descansa, y menos en noches como esta, cuando las estrellas se alinean de formas extrañas. La cúspide circular de su santuario privado alberga muchas ventanas grabadas con runas para emplear los poderes de varias sizigias celestiales.

Miles de formaciones de hielo con forma de ataúd sobresalen del suelo cubierto de nieve. Se elevan como grandes dientes negros, emergiendo de las profundidades, a punto de devorarse el cielo. Ella sabe exactamente cuán profundo descienden estas rocas, dónde terminan sus raíces y cuál es su propósito.

Lissandra pasea por esta estructura singular. Debajo de esta alineación de la Luna Helada y la Estrella Fría, ella ve más sin ojos que cualquiera que se haya atrevido a poner un pie en este lugar sagrado. Aunque todo está silencioso como una tumba, ella escucha lo que nadie más puede: las voces de aquellos medio dormidos y medio muertos atrapados dentro de cada monolito cristalino.

Un antiguo rey trol no dice nada. Sus ojos profundos gritan con malicia mientras la sigue con la mirada. Cuando se pierde de vista, el gruñido del rey trol hace temblar su negra prisión de hielo.

Lissandra cuenta trece pasos entre el rey trol y su caballero de armadura oxidada. Esta noche, él habla primero.

—¡Maten a la Bruja de Hielo!—, grita. Sus ojos están casi cerrados; su cara lúgubre, estoica. Tiene los dientes rotos después de décadas de rechinarlos.

Pero su estribillo se impone, mientras Lissandra atraviesa el bosque de hielo color medianoche.

—Maten a la Bruja de Hielo— se convierte en un coro enardecido, con voces provenientes de todo el mundo, todas suspendidas en estasis, reviviendo el momento en el que mataron a dicha bruja.

En lo que concierne a la propia Bruja de Hielo, le parece hermoso cuando una multitud tan diversa se moviliza en pos de un mismo curso de acción. Sus pesadillas torturadas arrullan a otros para dormir. Esta noche, sin embargo, una voz está particularmente silenciosa.

Lissandra se desplaza por las grietas entre los cristales hacia uno de los héroes más exóticos de su colección. El silencio engendra misterios, y ella ama sonsacar secretos de labios silenciosos... Presiente un cambio en la temperatura, un aura de calidez.

No está sola. Alguien inesperado camina entre su colección. Sus pisadas son susurros en la nieve mientras sigue el rastro de calidez.

—Las lenguas congeladas no tienen lugar aquí—, exclama Lissandra.

—¡Libera a mi hermana, bruja!—, chilla una voz áspera y ronca.

Lissandra gira hacia su amenaza invisible. Arriba; es todo lo que tiene que pensar para que fragmentos de hielo filosos emerjan del suelo y bloqueen el paso de la intrusa. Ella escucha cómo el aire escapa de los pulmones de la desconocida. Después, el suave golpe de la caída.

—Es de muy mala educación pedir algo sin presentarse primero—.

La potencial intrusa encuentra una pizca de coraje, y luego, su voz.

—M-Mi hermana es Hara del Caravasar de los Escarabajos Dorados. Soñó con ochocientos años de hielo a menos que derrotara a la Profetisa de Escarcha—. La chica demostraba cierta actitud desafiante. —Libera a mi hermana, bruja, y te perdonaré la vida—.

A Lissandra no le parece necesario desperdiciar oxígeno en una risa miserable.

—Ah, entonces quieres hacer un trato—.

Lissandra desliza sus dedos huesudos por la armadura de la prisión de Hara y escucha la voz atrapada dentro. El nombre de la invitada baila en la lengua de Hara, y ahora también en la de Lissandra.

—Ignoraste las órdenes de tu hermana, Marjen. Abandonaste el caravasar—.

Marjen retrocede al escuchar su nombre en la boca de la Bruja de Hielo.

—¿Cómo sabes...?—.

—Somos parecidas. Yo también ignoro las peticiones de hermanas insensatas—.

—Libérala ahora o acabaré contigo—.

Marjen blande una espada que calienta el frío inclemente. Apesta a magia familiar y particularmente obstinada. Fue forjada por un espíritu antiguo cuyo nombre Lissandra borró de la memoria del Fréljord.

—Considera la propuesta de la Bruja de Hielo. Te liberaré de esa daga cálida y, a cambio, te reunirás con tu querida hermana Hara—.

La alineación de la Luna Helada con la Estrella Fría se completa. Lissandra no puede ver la resplandeciente luz azul pálida descender sobre la gruta. Se pregunta cómo la verá esta mujer, nacida en el Gran Sai.

Marjen asiente con la cabeza.

—Eres más inteligente que casi todos por aquí—. Los labios azules de Lissandra se estiran en una sonrisa torcida.

—¡Mata a la bruja!—, grita Hara desde el interior de su propia prisión oscura. El corazón de Marjen late desbocado.

Y su brazo termina el trabajo. La espada dibuja un arco en el aire frío. Se hunde en el pecho de Lissandra.

—Escuchaste a tu hermana...—.

Lissandra cae de rodillas y luego se desploma. La silenciosa nieve cubre su cuerpo.

Marjen gira hacia Hara, encerrada dentro del hielo agrietado. La superficie es resbaladiza a causa del agua salobre derretida. Charcos de agua oscura sobre la nieve blanca. Cualquiera que sea la magia que la contiene está menguando.

—¿Recuerdas cuando mamá nos enseñó a bailar en la arena? Sigue el calor con las plantas de los pies. Sigue el calor, Hara. Sígueme—.

Las grietas de la prisión de Hara se agrandan mientras ella lucha por liberarse. Al fin, la estructura se desmorona y allí está ella, arrodillada al lado de Marjen, en el medio de un charco oscuro. El alivio inunda sus caras cuando se abrazan.

—Lo hicimos—, masculla Marjen. —El caravasar está a salvo. Ya no tendremos ochocientos años de hielo—.

Hara se acerca a Marjen para susurrarle algo al oído.

—Las hermanas que escuchan...—. En vez de la voz de Hara, Marjen escucha la fría y calmada voz de la Bruja de Hielo. —... son las más fáciles de engañar—.

Marjen rompe el abrazo. Los ojos de Hara se abren sorprendidos ante las palabras que brotan de su boca. Sus labios gesticulan una sola palabra.

Corre.

Solo que Marjen no puede correr. Sus botas forradas de piel están cubiertas de hielo que la mantiene congelada en su lugar. Un hielo negro sube por sus piernas.

—Y-yo maté...—. Mira hacia el cuerpo de Lissandra, pero solo encuentra nieve fresca. En ese momento, se da cuenta de que todavía tiene la espada en la mano.

Marjen finalmente lo comprende.

—Nunca tiré la cuchilla—.

Un resplandor blanco como la tiza capta su atención. Levanta la vista hacia la ventana con runas grabadas más arriba. Donde debería haber una Luna Helada sobre una Estrella Fría, un par de labios azules oscuros se estiran en una sonrisa burlona.

—Hermanas—, les susurra Lissandra a las dos mujeres dentro de sus tumbas heladas —inseparables, devotas, pero aún así absolutamente ineptas...—.

Marjen y Hara, sus brazos alrededor de la otra en un abrazo fraternal que se convierte en terror. Sus miradas se encuentran mientras el hielo oscuro envuelve sus caras.

Lissandra admira su última adquisición. —A mí me pareció más conveniente deshacerme de las mías—.

Donde antes había una roca de hielo negro, ahora hay dos, unidas en la base. Las hermanas unidas perpetuamente: Marjen y Hara del Gran Sai, su vínculo más fuerte que la distancia entre la tundra y el desierto. Un encuentro tan poderoso que Lissandra saborea la satisfacción de los monstruos hambrientos debajo. Las ilusiones emitidas por los sueños de las hermanas, y proyectadas a través del hielo, mantendrán a las bestias adormecidas por un tiempo más.

Qué trabajo tan agotador es arrullar a los monstruos hasta que se duerman.

Esta noche, Lissandra también podrá descansar. Porque los héroes protegen a este frágil mundo un poco más.

Referencias

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