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Historia corta • Lectura de 5 minutos

Ella Es Zoe

Por Odin Shafer

En el instante en que pensó en la tienda de pasteles, Zoe se lanzó hacia los aires, rindiéndose ante la gravedad. Mientras caía, amplió su conciencia para formar un portal. Instantáneamente, surgió uno debajo de ella que conectaba al otro lugar. Se dejó caer por la entrada. Su masa colisionó y se colapsó mientras viajaba.

Lore

En el instante en que pensó en la tienda de pasteles, Zoe se lanzó hacia los aires, rindiéndose ante la gravedad. Mientras caía, amplió su conciencia para formar un portal. Instantáneamente, surgió uno debajo de ella que conectaba al otro lugar. Se dejó caer por la entrada entrada. Su masa colisionó y se colapsó mientras viajaba.

Hace cosquillas.

Por desgracia, Zoe no apareció donde quería. En vez de eso, emergió de un segundo portal solo unos pasos más lejos, propulsada a través de los aires gracias al impulso de su descenso anterior. Después, tras un breve periodo de equilibrio, fue arrastrada de vuelta al segundo portal. Una vez más, el tiempo y el espacio se retorcieron a su alrededor, como un gran silbido (como ella lo describiría), antes de ser arrojada de nuevo a donde empezó. Ambos portales se plegaron en el espacio y desaparecieron.

Una poderosa magia distorsionaba la habilidad de Zoe para viajar. Probablemente tenía que ver con el cambio que se suponía que debía anunciar... y que, por supuesto, aún no había hecho. Era un problema, pero no uno desconocido. No estaba segura de cuál era el mensaje, para quién era, ni siquiera qué significaba, pero, en su experiencia, esos detalles casi nunca eran relevantes. Las matemáticas sagradas querían avanzar y, por lo regular, los mensajes encajaban en su sitio poco después de su llegada. Zoe creía que era una de las geniales ventajas de ser un aspecto.

Por supuesto, ahora estaba la cuestión de qué hacer mientras esperaba. Zoe miró sus alrededores. Junto a un árbol cercano, detectó a una pequeña y peluda criatura con una gran cola. Era similar a un pequeño yordle, aunque notó que la conexión de la criatura con el mundo espiritual era, más bien, minúscula.

En un instante, la mente de Zoe vislumbró toda la vida del pequeño animal. Solo viviría una docena de rotaciones más de su planeta antes de devolver a su espíritu. Para ella, la fugacidad de su vida lo hacía aún más adorable. Zoe saltó y corrió hacia él.

—¡Qué tierno!—.

El diminuto animal trepó el árbol para huir de ella.

—¡Oye, regresa!—, dijo Zoe, acompañado del inicio de un puchero.

Sin detenerse, Zoe creó una burbuja de tiempo burbuja de tiempo, que giró solamente la mitad de la rotación del planeta, antes de lanzarla hacia el árbol. La anomalía rebotó antes de estallar contra el tronco del árbol.

Durante un segundo, el pasado del adorable animal se fusionó con el presente. El cielo nocturno cubrió la zona y surgieron mariposas crepusculares que revoloteaban a su alrededor. La pequeña criatura fue vencida por el profundo sueño de la noche anterior mientras su pasado espiritual y su estado mental abrumaban su conciencia actual.

Zoe abandonó la gravedad por un momento y flotó hacia las ramas donde se detuvo junto al diminuto animal. Su mano vaciló un momento encima de su aterciopelado pelaje. Ella sabía que, en cuanto tocara a la criatura, el hechizo se rompería.

—Zoe es una amiga—, susurró. Pero, tan pronto como acarició la cabeza del diminuto animal, se despertó de golpe y se alejó rápidamente de ella, presa del pánico.

Con un quejido de decepción, Zoe flotó aún más alto antes de ponerse de cabeza. Consideró visitar a Aurelion Sol Aurelion Sol después de que terminara sus asuntos aquí. Al dragón tampoco le gustaba que lo acariciara. Pero, en su opinión, era más sencillo de atrapar a Aurelion sin hacerle daño. Esta idea perdió importancia cuando su nueva perspectiva le permitió ver más allá de las colinas y avistar una aldea en el horizonte.

Creó un portal hacia el pueblo y se sumergió en él. Pero, una vez más, Zoe solo pudo crear una entrada a unos pocos metros de distancia. Aún peor, colapsó justo como antes y la llevó de vuelta a su punto de partida.

El césped veraniego parecía acogedor y, en vista de no tener una mejor opción, atravesó el bosque hacia la aldea caminando.

Llegó a las afueras del pueblo amurallado cuando el sol comenzó a ponerse. Al escuchar risas, descartó la gravedad por un segundo y flotó sobre uno de los techos de la aldea.

En el patio central, media docena de mortales estaban jugando. Eran prácticamente del tamaño de Zoe, a diferencia de los niños y adultos que se había encontrado hacía poco en su recorrido por el planeta.

Uno de los varones perseguía a una de las chicas en un círculo. Ambos reían. Las reglas del juego no eran claras.

Zoe se concentró en el hermoso vestido rojo de la chica, preguntándose si la coloración representaba algo. Aunque no era parte del juego, a Zoe le gustaba. La chica parecía más alta que las demás, y Zoe sintió que tal vez esa chica podría conocer cosas que ella necesitaba aprender.

El varón también era interesante, pero en una forma completamente distinta. Podía notar que su encarnación actual viviría poco tiempo, pero Zoe sospechaba que se sentiría increíble si ella fuera la perseguida. Había algo maravilloso en su mentón y la forma de sus labios.

Tragó saliva nerviosamente. Después de todo, había pasado mucho tiempo desde que Zoe fue mortal. De hecho, no recordaba cuándo fue la última vez que visitó este reino. Curiosamente, le preocupaba que el grupo no la aceptara y que la excluyeran de fuera lo que fuese a lo que estaban jugando.

Dos de los chicos, definitivamente los menos interesantes, comenzaron a patear una pelota entre ellos. Zoe recordaba ese juego.

Alentada por esa conexión, Zoe bajó del techo aterrizando en el centro del grupo.

—¡Hola!—, dijo, cambiando su cabello a un color que emulaba el vestido de la chica alta.

—Un espíritu—, dijo el chico interesante, abriendo sus ojos de par en par. Después gritó: —¡Corran!—.

Zoe sintió que debía señalar que era un aspecto, no un espíritu, pero no estaba segura si el grito era parte de las reglas del otro juego.

—En realidad, vine aquí con un mensaje. Pero si quieren jugar, tengo tiempo de sobra—, dijo antes de comenzar a perseguirlos.

Después voló, tan casual como pudo, para situarse junto a la chica alta.

—¡Tu vestido rojo es tan genial! ¿El color significa algo?—, preguntó Zoe. Pero su intento por comenzar una conversación fue en vano. Mientras hablaba, el chico interesante metió a la chica alta a una casa. Luego azotó la pesada puerta de madera y bloqueó el camino de Zoe.

Ella echó un vistazo a su alrededor y se percató de que los demás mortales habían desaparecido de forma similar, pero se podía escuchar una conmoción proveniente del centro del pueblo.

Un momento después, una docena de hombres con armadura llegaron corriendo hacia Zoe con lanzas en ristre. Le recordaban al arma de Pantheon Pantheon.

Guardianes locales,supuso.

Pensando que Zoe era un espíritu, le gritaban advertencias mientras su líder intentaba invocar un hechizo de destierro. Zoe opinaba que era un muy buen hechizo, pero no precisamente uno que quisiera quisiera. Se preguntó si, quizás, los espíritus infestaban con frecuencia el pueblo.

Cuando los hombres comenzaron a lanzarle a Zoe sus armas, creó un meteoro arcano meteoro arcano y lo hizo volar en círculo alrededor de la fortaleza. Entonces, la chica crepuscular creó un par de portales para esquivar las lanzas de los guardianes antes de redirigir redirigir la estrella fugaz contra sus atacantes.

El impacto del meteoro causó una implosión que creó una reacción en cadena con las pequeñas partículas que había reunido durante su trayectoria. Esto generó una explosión secundaria que atravesó estruendosamente a los guardias y su torre, devastando el área, dejando tras de sí solo un fino polvo.

—¿Hola?—, preguntó Zoe mientras las nubes de destrucción giraban a su alrededor. Se preguntó si la chica alta o el chico interesante habían huido. Parecía probable.

Por un segundo, Zoe se desanimó, pero decidió que más tarde visitaría un asentamiento mortal más grande. Tal vez en un lugar así encontraría a alguien dispuesto a jugar con ella.

Zoe recordó en dónde había una... ciudad un par de milenios atrás. A pesar de sus fracasos anteriores y confiando en su instinto, vertió su voluntad en crear un portal en esa dirección. Se sorprendió gratamente cuando la entrada se abrió en el destino que deseaba.

—¡Oh, genial!—, dijo, feliz de poder viajar nuevamente y ansiosa por entregar su siguiente mensaje.

Mientras Zoe salía de la realidad, se preguntó si el nuevo cráter llevaría a algunos mortales a encontrar la Runa Geogénica que se encontraba cerca. La chica alta o el chico interesante podrían ser quienes la descubrieran.

Decidió que resultaría gracioso si lo hicieran.

Referencias

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