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Narración

El Infortunio del Apostador

Por Anthony Reynolds Lenné

Vaya, ¡es un gran botín el que tienes ahí! Lo ganaste en las mesas, ¿no es así? Bueno, brindemos por tu gran salud. Salud.

Lore

Vaya, ¡es un gran botín el que tienes ahí! Lo ganaste en las mesas, ¿no es así? Bueno, brindemos por tu gran salud. Salud.

Oh, no, no jugaré a los dados contigo. Ya no soy un hombre de apuestas, o al menos es lo que me digo a mí mismo. Aunque hubo una época... ¿Qué pasó? El Rey del Río, eso fue lo que pasó. Sí, Abrigo Doble, ese viejo demonio Tahm Kench. Él fue lo que ocurrió.

Yo era turbio-pobre, con todo respeto, y vivía en un refugio de mala muerte. No tenía nada a mi nombre, ni siquiera un kraken de oro, este de aquí vino a mi posesión. Podría contarte cómo, pero me llamarías mentiroso, je.

Así que, con esta moneda, lo que debí haber hecho era pagar mis deudas y encontrar una nueva tripulación a la cual unirme. Yo era un arponero, ¿sabes? Debí apartar lo que quedara para el futuro. Haber sido responsable. La vida de un arponero es complicada, incluso para un hombre joven.

Pero fue en ese momento cuando el Rey del Río me encontró. ¿Por qué trabajarías en la embarcación de alguien más?, me dijo siendo un esclavo, arriesgando tu vida por nada, cuando podrías tener tu propia embarcación..., solo debía pensar en grande. Por supuesto, con un kraken es imposible comprar una embarcación, pero él tenía una respuesta a eso, por supuesto.

Dados. Un buen lanzamiento y tendría lo suficiente para comenzar con mi propia pequeña operación. Otros podrían hacer el trabajo peligroso; mientras tanto, yo me relajaría y disfrutaría de las ganancias. Y después de unos tragos más, como comprenderás, el torcido consejo del demonio comenzó a tener sentido para mis oídos. Entonces, cegado por la avaricia y la posibilidad, lo llevé a cabo.

Esa noche es una imagen borrosa. Desperté al día siguiente por la tarde, ¡con un dolor de cabeza de aquellos! No tenía idea de dónde estaba. Resultó ser un burdel elegante, en un mueble estaban mis ganancias de la noche anterior... ¡Era más que suficiente para comprar mi propio barco! Ah, pero el Rey del Río había conseguido que yo quisiera más. ¿Por qué el joven Lars debía conformarse con una sola embarcación, cuando podría tener una flotilla? Solo necesitaba que la suerte me ayudara un par de veces más...

Así es Aguasturbias. Hay riquezas que puedes conseguir si estás dispuesto a arriesgarlo todo, una y otra vez.

Con el brazo de Abrigo Doble rodeándome, fui de las mesas de dados a otras salas de avaricia; desde los cuartos clandestinos de juegos de cartas hasta salas de apuestas altas y bajas. Gastaba una fortuna, perdía una fortuna, y volvía a hacerlo todo de nuevo. Quedé atrapado en esa espiral atrayente. Podía sentir el hambre, el anhelo, y me hundía con la fuerza de un remolino.

Los años pasaron. Me avergüenza admitir que olvidé cuál era la verdadera razón para hacer todo aquello. Olvidé quién era yo. Lo tenía todo, pero nunca era suficiente. Yo quería más.

Fue entonces cuando empecé a perder mucho. Eso me hizo perder el doble, quedar en bancarrota y apostar todo o nada, en búsqueda de las grandes apuestas que me devolvieran a la cima. Al poco tiempo me encontré en un estado mucho peor que cuando empecé. Dormía en la alcantarilla y atrapaba ratas para comer si corría con suerte. Mendigué, pedí prestado y le robé a todos los que alguna vez fueron bondadosos conmigo. Perdí a todos mis amigos, persiguiendo el sueño.

Se alimenta de la miseria, ¿ves? Eso hace Tahm Kench. Es tan viejo como el propio pecado, y mucho más viejo que Aguasturbias. Ha estado aquí desde el inicio de todo, atiborrándose de la desesperación que surge de la avaricia y la pena del corazón de los hombres. Digo, yo me lo hice a mí mismo, pero fue él quien me dio los medios para hacerlo. Se podría decir que me llevó al borde del precipicio, pero fui yo el tonto que se dejó caer, y ese viejo glotón se deleitó en mi desolación.

Vino a mí una vez más, cuando yo estaba en mi peor momento, bebiendo de los charcos, sin mi pierna porque la había vendido para ser usada como carnada. En la noche más oscura, mientras me susurraba para tratar de convencerme, me puso este kraken de oro en la mano, con un guiño que me era familiar.

¡Era el mismo que tenía desde el principio! ¡Fue esa maldita moneda la que hizo que yo tomara ese miserable camino! Eh, el abrió mucho su boca y me dijo: No es demasiado tarde, Lars. Nunca es demasiado tarde. Ven conmigo y te conseguiremos nuevamente una fortuna...

Incluso después de todo lo que había vivido, me sentí tentado. ¡Por supuesto que sí! Pero no. Me resistí, solo la Madre Serpiente sabe cómo lo logré. Abrigo Doble solo se rio. Dijo que él estaría ahí cuando yo cambiara de parecer.

Y, por supuesto, la tentación sigue ahí, siempre, todos los días.

Y heme aquí. Sin amigos. Sin dinero. Los mejores años de mi vida quedaron atrás, desperdiciados en esas décadas perdidas. Tampoco puedo recordar la mayor parte, así que desconozco si al menos la pasé bien.

En fin. Basta de mis incoherencias. Hay una lección por aprender: mantén a salvo tu dinero y nunca, nunca hagas un trato con el Rey del Río. Siempre se puede perder más...

Trivia

  • Esta historia fue lanzada durante el evento La maldición de los Ahogados que introdujo a Pyke Pyke. También se usa como la historia para Tahm Kench Tahm Kench.

Referencias

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