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Historia corta • Lectura de 4 minutos

El Elixir de Uloa

Por Rayla Heide

Después de horas de caminata por la sofocante y húmeda jungla, el aire fresco de esta cripta subterránea proporciona un dulce placer. Seguramente una muerte potencial acecha en cada esquina, pero también está cerca la gloria.

Lore

Después de horas de caminata por la sofocante y húmeda jungla, el aire fresco de esta cripta subterránea proporciona un dulce placer. Seguramente una muerte potencial acecha en cada esquina, pero también está cerca la gloria.

Paso por un arco de piedra y las nubes de polvo se alzan como fantasmas, dejando ver un camino de formas circulares tallado en la roca. Se rumorea que esta tumba es impenetrable, inquebrantable y mortal. Ningún explorador ha escapado con vida; sin embargo, ninguno de ellos se me compara.

Hasta el momento me he metido por miles de túneles laberínticos, he navegado entre trampas de arena con estacas, me he arrastrado por debajo de espadas en movimiento pendular y he luchado contra víboras sibilantes en fosas. Bonito lugar para visitar, pero con certeza no viviría aquí.

Docenas de ojos de piedra sin párpados me lanzan miradas lascivas desde los muros. Bien, yo también los observaré. Dudo que hayan visto a alguien tan increíblemente apuesto desde la última Guerra Rúnica.

En el centro de la sala, un vial de cristal descansa en un pedestal. Brilla con un fluido tenue y proyecta pequeños arcoíris al suelo. Esto es lo que me trajo aquí. Muchos desestimarían una grandiosa historia de audaces aventuras como pura ficción, pero es imposible negar un artefacto físico. La recolección de un tesoro legendario prueba sin dudas que has conquistado lo imposible.

El Elixir de Uloa es un objeto buscado por figuras de culto con la esperanza de que los imbuya con la inmortalidad, por dinastías destruidas que quieren retomar el poder y por peregrinos en busca de sabiduría más allá de toda creencia. En este vial se han depositado miles de expectativas, a pesar de que su contenido no llenaría una taza de té.

Sé que cada una de las trampas del libro se activará si llego a levantarlo de su pedestal. Esa es la naturaleza de los lugares como este. Estiro mis dedos y la gema del centro de mi guantelete emite un agradable tono azul claro. Ahora comienza la verdadera diversión.

Me acerco lentamente. Una piedra tiembla a mis pies y doy un paso atrás para evitar activar alguna trampa. Voy escogiendo el camino por la sala y solo piso las piedras más firmes. Cuando mis dedos se acercan al Elixir, unas profundas grietas dividen el piso de piedra de la cámara. Activo mi guantelete para cargarlo con energía mágica. Varios rayos en espiral me obstruyen la visión mientras me teletransporto teletransporto al arco que está a cinco metros de distancia. Ni un segundo antes. Cientos de estacas filosas como cuchillos caen en cascada desde el techo, rozándome a un pelo de distancia mientras toda la sala se colapsa dentro de una umbría grieta al fondo.

El poder de mi guantelete es perfecto para lugares estrechos, pero no es útil para cruzar grandes distancias. Además, está demorando más de lo que quisiera para recargarse.

Una explosión atronadora agita los muros y se propaga en ecos por el corredor. Parece ser que los antiguos cimientos de esta tumba no soportarán mucho más, así que es hora de acelerar las cosas. Prefiero los terrenos más sólidos, así que, con un poco de generosidad de la confianza, salgo corriendo por el túnel a medida que las grietas se amplían y destruyen por completo el suelo que dejo atrás.

Busco las marcas direccionales que hice con tiza cuando entré a la tumba, deslizándome debajo de los arcos que colapsan, saltando pozos de arenas movedizas en hervor y esquivando rocas colosales que ruedan para bloquear este pasaje que no para de estrecharse.

El muro a mi derecha se abre y de él aparece una cortina de insectos descomunales, tijeretas gigantes que muerden e inyectan veneno con la mandíbula. Miles de ojos rojos de arañas brillan hambrientos mientras unos escorpiones avanzan con aguijones repletos de veneno. Las alimañas de la jungla son un maldito fastidio, pero ¡tengo el remedio indicado!

Cierro los ojos por una fracción de segundo. La energía fluye por mi brazo, activándome los nervios con un fuerte latido mientras concentro el poder en la gema. Sujeto mi guantelete y lo apunto a la araña más grande. Cuando el monstruo abre las mandíbulas, disparo un rayo rayo resplandeciente hacia su boca que la lanza hacia atrás contra la horda. El olor a quitina quemada me llega a la garganta y me revuelve el estómago.

Me doy vuelta y corro mientras disparo cegadores rayos rayos de luz hacia atrás en cada giro del camino. Un pedazo de piedra del tamaño de una casa se rompe en el techo que está justo sobre mi cabeza. Mi guantelete se recarga justo a tiempo y reaparezco reaparezco tres metros adelante en un espiral arremolinado de luz mientras que el túnel colapsa a mis espaldas.

Dos pilares inclinados caen uno arriba del otro, pero logro deslizarme entre ellos un instante antes de que se hagan polvo. Me lanzo hacia una cámara con un piso orientado hacia la superficie.

Una rayo de luz solar brilla adelante mío y sonrío mientras me echo a correr hacia él. La libertad está cerca. La tierra tiembla con un ruido ensordecedor y me tambaleo a medio camino cuando la cámara se desmorona ante mis ojos. La libertad estaba cerca.

Nuevamente, los planes de apoyo son una de mis especialidades.

Preparo mi guantelete y concentro toda mi energía en la gema. Siento cómo toma mi poder; mi visión se hace borrosa y el mundo parece inclinarse a medida que la gema se llena de magia. El guantelete emite el azul de un cielo claro.

Abro la mano y un arco arco brillante de luz dorada, ancha como el túnel, sale despedido de mi palma. La fuerza de la ráfaga me hace tambalear, pero mantengo mi enfoque. La luz se transmite en un canal brillante continuo que resplandece al mismo tiempo que desintegra todo a su paso, dejando un espacio peligrosamente estrecho. ¡Estos son los espacios que me gustan!

Cierro la mano hasta formar un puño y el túnel se oscurece una vez más. La tierra se sacude descontroladamente y me hace caer de rodillas. Estoy tan agotado que apenas puedo moverme y no alcanzo a pararme. A centímetros de mi cara, las grietas se esparcen por el piso tan rápido que no alcanzo a seguirlas con los ojos. Esto no es bueno. La tumba no resistirá mucho más, así que reúno mis últimas fuerzas y me levanto. Corro hacia donde realmente espero sea un lugar seguro.

Pierdo el rastro de la luz del sol. Otro estrépito; los muros se desmoronan a mi alrededor. Cierro los ojos y me sumerjo en la oscuridad. No hay nada de malo en desear un poco de buena suerte y yo soy extremadamente afortunado. Me echo a correr, ruedo en el piso, me vuelvo a poner de pie e inhalo el dulce aire de la jungla.

A mis espaldas, la entrada de la tumba se derrumba por completo dejando una gran nube de polvo milenario. Me limpio la suciedad de la ropa, me aparto el pelo de los ojos con una sacudida casi profesional y me echo a andar.

Otra ruina imposible superada. Otro tesoro para probar la veracidad de mis osadas aventuras.

Y todo esto antes de almorzar.

El Elixir de Uloa

Referencias

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