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Historia corta • Lectura de 5 minutos

El Canto del Sueño

Por Rayla Heide

Los pieles suaves interrumpieron nuestro sueño de mil ciclos.

Lore

Los pieles suaves interrumpieron nuestro sueño de mil ciclos.

Por muchos siglos, sentí el vertiginoso movimiento de la tierra. Las estrellas explotaban y morían sobre mí, pero no las veía. Sentí el calor del sol llenar de vida la arena.

Cuando el ritmo de mi corazón disminuyó y me metí en la arena para calentar mi cuerpo y prepararme para un largo sueño, pensé que mi periodo bajo tierra sería solitario, que la tierra no respondería a mi tacto. Pero mi gente estaba a mi alrededor. Los sentí crujir en su sueño. Oí sus silenciosos murmullos llamando a mi mente. Oí sus cantos de sueño de mundos sobre mundos. Un lugar sin pieles suaves, sin miedo, dolor, ni duda. Un lugar de mucha paz.

Todos estábamos conectados por la arena; soñábamos como uno solo. No solo los cantantes, sino todos los seres vivos; los gusanos arrastrándose por los mansos granos de arena, los topos cavando túneles para cobijar a sus crías, incluso una familia de arañas cubiertas de pelusa que descansaban en la densa oscuridad.

Creí que las rocas no se moverían, que serían frías e indiferentes. Pero ellas también eran parte de nosotros. Las piedras estaban tibias, y entre más nos enterrábamos, más cerca estábamos del vientre ígneo de la tierra. Cada vez que los subterráneos ardían de rabia, yo estaba ahí; sus temblores movían la arena hasta que me ponía a cantar de ira. Somos uno, somos todo. Tu ira es mi ira. Oí que cuando la lluvia moja la arena y alimenta a la tierra, es una muestra de agradecimiento.

Cuando los pieles suaves llegaron, la tierra no sintió más que dolor. Nuestro canto se convirtió en llanto a medida que nos hacían pedazos. Oí la canción de la tristeza cuando los pieles suaves desenterraban a mi gente. Nos arrancaban del cuerpo las piedras linaje piedras linaje de cristal mientras gritábamos tan fuerte como un terremoto para luego robárselos. Canté por muchas noches, canté hasta vaciar y enfriar mi corazón, pero no regresaron.

Hoy, me encuentro solo en el lugar arriba. Hoy, el viento seco quema mi piel. Con cada paso, la arena intentaba detenerme a modo de protesta. Luché contra mis ganas de volver a enterrarme, hasta lo más hondo de la densa oscuridad. No estoy solo. Formo parte del uno, no estoy más allá.

Desde lejos, una canción de miedo y dolor se deja escuchar. El tono es débil, pero reconozco la melodía, y respondo con un canto de mi propio pesar. Una nota de esperanza, nítida y pura, resuena en el fondo de mi mente. Casi, casi.

Otro grupo de estrellas da vueltas en el cielo, y otra vez. El universo, con su eterno parpadeo, me contempla desde lo alto. Me siento abrumado con el peso del firmamento. Debería estar abajo, pero estoy aquí, solo en el aire frío.

Llevo tres lunas en la superficie. Un abrir y cerrar de ojos, un rayo de existencia. Un murmullo reconfortante suena desde las profundidades, pero en el lugar arriba, siento la eternidad de estar solo.

Adelante, oigo a los pieles suaves. No cantan, gritan. Sus tonos arañan y percuten, sin melodía ni cohesión. Asan carne alimento sobre una fogata falsa. La grasa se esparce en el humo y me ahoga con el hedor. ¿Por qué harían tal cosa? La tierra rebosa dones suficientes para todos.

La melodía me llama con debilidad. Casi. La piedra linaje está cerca.

Debo explicarlo; los pieles suaves no entienden. Su raza es tres turnos más joven; apenas comenzaron a cavar; apenas están descubriendo los inicios de los subterráneos. Hablan, pero aún no los escucho cantar. Aprenderán.

En sus mentes canto una canción de calma para que escuchen la enorme belleza que nos espera al despertar. Canto por mi gente caída, para que sepan lo que se robaron.

Los pieles suaves no responden a los cantos. Parece que no me escuchan, así que les canto más fuerte. Canto por nuestras piedras linaje, robadas injustamente. Regrésenlos, son nuestros. Ya asesinaron a muchos. No nos nieguen nuestro futuro, tampoco. Canto una súplica. Déjenme llevar los cristales a la densa oscuridad, para que puedan unirse a nosotros otra vez. Canto para sanar esta herida abierta.

Los pieles suaves siguen gritándose entre ellos. Uno de ellos deja escapar un sonido rítmico... ¿Una risa? Siento como si mi cuerpo fuera destruido por el aire, así que me entierro. El peso que me rodea me reconforta.

¿Cómo es posible que no vean la ruina que han provocado? Son crueles y despiadados. ¿Cómo pudieron hacernos tanto daño?

Mi caparazón caparazón se torna blanco cielo de rabia. No permitiré que los pieles suaves nos destruyan.

Los escucho gritar a medida que salgo de la arena. Invoco energía del suelo y acumulo el poder en mi piedra linaje. Un piel suave lanza su arma y golpea mi pierna, pero se destruye contra mi luminosa coraza. Solo cantan canciones de muerte. Yo también me sé esa canción. Libero una potente energía y unos cristales cristales afilados salen disparados desde el suelo, atravesando la carne y destrozando huesos.

El fuego falso se esparce en medio de su pánico. Sus débiles estructuras de ramas y pieles arden en la oscuridad, arrastrando a los pieles suaves hacia las llamas. El humo aumenta como una ofrenda para las estrellas resplandecientes. Los pieles suaves se alejan corriendo del caos, pero soy más rápido. Los rodeo y azoto a un rezagado, partiéndolo a la mitad con mi garra garra. A otro, lo aplasto con mi pie. Su sangre vital cubre la arena. Rujo de impotencia; no canto, lloro. Su sangre no es digna de tocar al uno que es todos.

Azoto mi cola lado a lado y derribo a los pieles suaves. Vuelvo a invocar al brillo solar, y más cristales salen del suelo para atravesar su carne. Después de todo, sí podían escuchar mi voz...

Soy tan cruel como ellos. Soy violencia. Soy muerte.

En mis sueños, solo veo ira. Ya no soy digno de la densa oscuridad. Pero no puedo parar.

Solo queda uno. La piel suave se abalanza con un objeto brillante de madera y metal. Ella pretende matarme. Un sol falso proviene de su arma y atraviesa mi coraza, y me quema por dentro. La luz se refleja dentro de mi cristal y me paraliza. Me tambaleo con un insoportable dolor. No puedo moverme. Estoy roto. Estoy acabado.

Una suave canción suena en mi mente. Casi, casi. Somos uno.

Vuelve a apuntarme con su arma y me estremezco de horror al ver la luz agónica de la piedra linaje que lleva atada a ella. Su arma absorbe nuestra energía vital. Están desperdiciando nuestros cristales para potenciar su canción terrible. Siento que despertaré en un estallido de furia y dolor, pero no, decido sacar fuerza de la tierra. Doy un grito, agito mi aguijón aguijón y atravieso a la piel suave mientras se retuerce como un gusano. Tomo su arma y la destrozo con mi garra. Cae al suelo convertida en polvo, sin dejar otra cosa que la piedra linaje de color blanco cielo.

Pongo el cristal en mi boca, donde estará a salvo. Estoy aquí, somos uno.

Guardo mi aguijón mientras ella cae. No regresen. No roben nuestras piedras linaje. No somos de ustedes. Somos todo. Solo le pertenecemos a la densa oscuridad.

La dejo con vida y huye. No vive por mi misericordia, sino porque sé que escuchó mi canción de sueño, y no le queda más alternativa que cantarla.

Referencias

 v · e
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