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Shurima Zoantha Cascade 01
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Shurima Crest icon

Historia corta • Lectura de 4 minutos

Ecos en la Piedra

Por Ariel Lawrence

La primera vez que Taliyah percibió el agua, se desplazaba a gran velocidad para que la tormenta de arena no la alcanzara. Al principio fue muy tenue, una humedad fría que sintió al levantar las rocas que yacían bajo la arena. A medida que se acercaba a la antigua Shurima, las rocas fueron desprendiendo cada vez más gotas, como si estuvieran llorando. Mientras se apresuraba a cruzar el desierto, Taliyah sabía que aquellas rocas le contarían historias, pero no tenía tiempo de oírlas ahora; no podría saber si aquellas lágrimas eran de felicidad o de tristeza.

Lore

La primera vez que Taliyah percibió el agua, se Weaver's Wall 2 desplazaba a gran velocidad para que la tormenta de arena no la alcanzara. Al principio fue muy tenue, una humedad fría que sintió al levantar las rocas que yacían bajo la arena. A medida que se acercaba a la antigua Shurima, las rocas fueron desprendiendo cada vez más gotas, como si estuvieran llorando. Mientras se apresuraba a cruzar el desierto, Taliyah sabía que aquellas rocas le contarían historias, pero no tenía tiempo de oírlas ahora; no podría saber si aquellas lágrimas eran de felicidad o de tristeza.

Cuando estuvo tan cerca del gran Shurima's Legacy Disco Solar que su sombra la cubría, el agua de los acuíferos subterráneos comenzó a brotar de la roca sobre la que Muro de la Tejedora iba montada como en pequeños ríos. Y cuando llegó a las puertas, Taliyah oyó el ruido ensordecedor del torrente de agua bajo los cimientos. El Oasis del Amanecer, la Madre de la Vida, rugió bajo las arenas.

La gente de su tribu había seguido aquellas aguas durante cientos de años. Su mejor oportunidad de encontrar a su familia pasaba por seguir las corrientes, y para la consternación de Taliyah, el agua de Shurima ahora fluía de un solo lugar, como había sido en eras anteriores. Siempre habían evitado los trágicos restos de la ciudad, igual que el peligro de los Sai y todas las criaturas mortíferas que habitaban ahí. Incluso los ladrones mantenían las distancias con la ciudad. Hasta ahora.

Taliyah detuvo la roca sobre la que iba montada, y casi cae al suelo al hundirla de golpe y enviarla de nuevo a las profundidades. Miró en derredor. Sivir OriginalSquare La mujer de Vekaura tenía razón. Aquel lugar ya no se correspondía con las ruinas olvidadas, pobladas solamente por fantasmas y arena; el campamento que se extendía más allá de las pareces estaba repleto de vida, como un hormiguero antes de la inundación. Al no saber quiénes eran esas personas, decidió que sería mejor no revelar más información de la necesaria.

Parecía haber gente de todas las tribus que recordaba, pero ninguna de las caras resultó familiar a Taliyah. Una discusión los dividía. Hablaban sobre si quedarse en los campamentos temporales o buscar refugio en la cuidad. Les preocupaba que la ciudad pudiera caer de nuevo con la misma facilidad con la que se había alzado, atraparlos y sepultarlos para siempre. Otros habían visto la antinatural tormenta, y creían que sería mejor protegerse en el interior de unas paredes que la arena había ocultado durante generaciones. Lo que todos tenían en común era el ritmo acelerado; lo empacaban todo y alzaban la vista al cielo, preocupados. Taliyah había conseguido separarse de la tempestad, pero sabía que no tardaría en alcanzar aquellas puertas.

—Ha llegado el momento de decidir —la llamó una mujer, cuya voz casi se pierde en el sonido de las aguas del oasis y la tormenta cercana—. ¿Vienes o te quedas, chica?

Taliyah se giró y miró a la mujer. Podía ver que era shurimana, pero nada más.

—Estoy buscando a mi familia —señaló su túnica—. Son tejedores.

—El Azir OriginalSquare Padre Halcón ha prometido protección a todos en el interior de las paredes —dijo la mujer.

—¿El Padre Halcón?

La mujer contempló la expresión consternada de Taliyah y sonrió a la vez que tomaba su mano. —Azir ha vuelto a nosotros Ascendido. El Oasis del Amanecer fluye de nuevo. Es una nueva era para Shurima.

Taliyah miró alrededor. Era cierto. Dudaban entre avanzar al interior de la masiva capital o no hacerlo, pero sentían un mayor miedo por la gran tormenta que por la ciudad o el regreso de su emperador.

—Esta mañana había tejedores aquí. Decidieron protegerse de la tormenta en el interior —continuó la mujer. Señaló al grupo de gente que se adentraba en el corazón de Shurima. —Tenemos que apresurarnos. Van a cerrar las puertas.

La mujer instó a Taliyah a cruzar las grandes puertas, y la multitud que decidió a última hora protegerse de la tormenta en el interior las empujó adentro. Otros grupos se amontonaban fuera y se dispusieron a sobrevivir a la tormenta como las caravanas de Shurima llevaban haciendo generaciones. A lo lejos, el torbellino desprendía unos extraños y amenazantes relámpagos. Era posible que las antiguas tradiciones de Shurima no sobrevivieran a aquella tormenta.

La muchedumbre empujó a Taliyah y a la otra mujer hacia delante, y cruzaron el umbral que separaba Shurima del desierto. Detrás de ellas, las puertas se cerraron con un golpe seco. Y ante ellas, la inmensidad de la gloria ancestral de Shurima. La gente se mantuvo cerca de las gruesas paredes, pues no sabían adónde ir. Tenían la sensación de que las calles vacías pertenecían a otros.

—Seguro que los tuyos están en el interior de la ciudad. Muchos se han quedado cerca de las puertas. Pocos tienen el valor de avanzar más. Espero que encuentres lo que buscas—. La mujer soltó la mano de Taliyah y sonrió. —Que el agua y la sombra sean contigo, hermana.

—Que el agua y la sombra sean contigo. —La mujer desapareció entre la muchedumbre.

La ciudad abandonada durante milenios de repente estaba rebosante de vida. Unos Arise! guardianes ataviados con yelmos y capas capas rojas y doradas vigilaban a los nuevos moradores de Shurima en silencio. Aunque nadie estaba dando problemas, Taliyah seguía teniendo la sensación de que algo de aquel lugar no estaba bien.

Taliyah se apoyó en la gruesa pared para recomponerse. Comenzó a respirar con dificultad. Podía sentir en su palma el latido de la roca. Dolor. Un dolor terrible la cegó. Aquellas rocas contenían miles de voces. En su cabeza retumbaron el miedo y tormento de sus últimos instantes, cuando sus vidas les fueron segadas y sus sombras fueron sepultadas en la arena. Taliyah separó la mano bruscamente de la pared de piedra y tropezó. No era la primera vez que sentía aquellas vibraciones en la piedra, como reverberaciones de memorias del pasado, pero nunca con aquella intensidad. Ahora sabía lo que había pasado ahí. Se puso en pie y contempló la ciudad de nuevo. La invadió una oleada de repugnancia. Aquello no era el renacimiento de una ciudad. Era una tumba vacía que había sido desenterrada. La ultima vez, las promesas de Azir habían costado la vida a la gente de Shurima.

—Debo encontrar a mi familia —susurró.

Referencias

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