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Historia corta • Lectura de 5 minutos

Curso Básico de Interrogación

Por Graham McNeill

Vi contuvo un bostezo mientras se movía a través de la cámara dorada en el corazón del ayuntamiento de Piltóver. El amanecer había ocurrido hace menos de una hora y el lugar estaba en silencio. Algunos ebrios estaban durmiendo en las celdas de la vergüenza, y había escuchado que había un par de ladrones con amplificaciones químicas en las celdas más profundas y seguras. Preguntaría al respecto después, para ver si podía ayudar a descubrir qué hacían en Piltóver.

Lore

Vi Vi contuvo un bostezo mientras se movía a través de la cámara dorada en el corazón del ayuntamiento de Piltóver. El amanecer había ocurrido hace menos de una hora y el lugar estaba en silencio. Algunos ebrios estaban durmiendo en las celdas de la vergüenza, y había escuchado que había un par de ladrones con amplificaciones químicas en las celdas más profundas y seguras. Preguntaría al respecto después, para ver si podía ayudar a descubrir qué hacían en Piltóver.

Giró los hombros, tenía los músculos entumecidos después de una dura noche de trabajo. Había sido un turno largo y le dolían los antebrazos por la presión de sus guantes guantes mejorados. Lo único que quería hacer era volver a casa, quitárselos y meter los puños en agua helada. Tal vez beber algunos tragos y dormir un poco, pero el tubo neumático de Caitlyn Caitlyn había llegado con un mensaje de que era imperativo que llegara al ayuntamiento de inmediato. Vi había levantado una ceja, descartado el mensaje y dejado pasar una hora antes de salir de su apretado hogar del barrio de los modistos para atender el llamado de Caitlyn.

—Hola, Harknor—, le dijo al guardián que estaba en el escritorio cuando llegó a las celdas. —¿Qué es tan importante que Caitlyn tiene que sacarme de un sueño erótico que tenía con...—

—Ah, ah, detente ahí—, contestó Harknor sin levantar la vista desde su elevado escritorio mientras pasaba el dedo por la lista de prisioneros que llegaron durante la noche. —No estoy de humor como para escuchar otra de tus escabrosas fantasías—.

—¿Estás seguro?—, sonrió burlona Vi, antes de reclinarse sobre el escritorio y soplar un mechón de su cabello rosa que le cubría los ojos. —Este fue bueno. Tenía una trama y todo—.

—Seguramente—, dijo Harknor, mirando hacia otro lado y sosteniendo la hoja de registro. —Caitlyn y Mohan trajeron a un ladrón de hextech anoche. No ha dicho una palabra, pero ella cree que tú podrías hacerlo hablar—.

Vi arqueó una ceja y escaneó la página.

—¿Devaki? Has sido un chico muy malo—, dijo y luego puso los ojos en blanco mientras flexionaba los dedos de metal para formar un puño. —Sí, Devaki y yo nos conocemos de antes. Lo haré hablar—.

Harknor sacudió la cabeza y dijo: —Escucha Vi, no quiero tener que volver a llamar al cirujano. Caitlyn quiere que este tipo pueda hablar antes de ir con el procurador—.

—¿En dónde está ella?—, preguntó Vi. —¿Ni siquiera vino a saludar?—

—Está siguiendo una pista en el muelle—, dijo Harknor. —Dijo que pensó que podrías encargarte sola. ¿Se equivocó al respecto?—

—No—, dijo Vi, antes de darse vuelta y pavonearse hacia las celdas. —¿En qué celda está Devaki?—

—En la número seis. ¡Pero recuerda que debe poder hablar!—

Vi asintió y dijo: —Sí, sí...—

Llegó a la celda seis y deslizó el cerrojo. En general otro guardián aseguraría la puerta, pero Vi no necesitaba ningún respaldo. Conocía a Devaki de antaño, incluso había trabajado con él en varias ocasiones antes del trabajo que salió mal con los Demonios de la Atarazana. Devaki era un ladrón, no un luchador, y si ella necesitaba ayuda para contener a este debilucho, entonces era hora de cambiar de trabajo.

Devaki estaba sentado en el borde del pedazo de roca astillada que llamaban cama, con la espalda hacia el muro y las rodillas flexionadas hacia el pecho. Sostenía uno de sus brazos cerca del cuerpo, el miembro terminaba en un muñón vendado donde debería estar su mano. Alzó la vista cuando entró y abrió los ojos grande, sorprendido.

—¿Vi?—

—La mejor de Piltóver—, dijo ella haciendo una pequeña reverencia y, a pesar de dónde estaba él, Devaki sonrió. —¿Qué le ocurrió a tu mano?—

—Tu maldita sheriff le disparó—. —¿Qué les ocurrió a las tuyas?—

—Conseguí una mejora—, dijo Vi, mostrándole sus guantes hextech. Emitían un leve zumbido y los movió para que Devaki viera lo poderosos que eran. —Completamente personalizables con diferentes niveles de daño. Puedo atravesar muros con estos bebés—.

—Sí, escuché lo que pasó en las Bóvedas Eclípticas—, dijo Devaki con una sonrisa, como si estuviera hablando con la Vi de antes, la Vi de las Vías. No era tan inteligente como para saber que esa Vi ya no existía más.

Devaki levantó el brazo con el muñón. —También necesitaré una mejora. Era una amplificación de vanguardia de Bronzio. Esa sheriff no tenía necesidad de dispararle—.

—Cóbrale—, dijo Vi. Luego cerró la distancia entre ellos de dos zancadas y levantó a Devaki. Lo lanzó contra el muro opuesto. Se escuchó el crujido de los huesos de Devaki y se levantó una polvareda.

Devaki se deslizó hasta el suelo, estupefacto y jadeando. —Se habían estado portando bien, ¿pero ahora te enviaron a ti? ¿Por qué?—

—Yo soy a quien envían cuando ser amable no funciona, primor—, dijo Vi, dejando acumular poder en sus guantes. —Yo soy quien usará estas bellezas contigo. A menos, por supuesto, que me digas lo que quiero saber—.

—¡Ah, espera! Vi, ¿qué estás haciendo?—, farfulló Devaki, sosteniendo la mano que le quedaba frente a él mientras se levantaba.

—Estoy interrogándote, ¿o qué parece?—

—¡Pero no me has preguntado nada!—

Vi ladeó la cabeza. —Sí, tal vez debería hacer eso—.

Se agachó y levantó a Devaki a la fuerza, aplicando una creciente presión en su hombro.

—¿Quién iba a comprar la hextech robada?—

Devaki se estremeció de dolor, pero no respondió.

—Por favor, eres más fuerte que eso—, dijo Vi, liberando su magullado hombro. —¿Quieres ver qué le ocurre a un rostro cuando no contengo mis golpes?—

—¡No!—, gritó Devaki.

—Dime lo que quiero saber—.

—No puedo—.

Vi se tocó la barbilla con un dedo, como si estuviera considerando volver a golpearlo. Sonrió y esa expresión preocupó más a Devaki que sus puños.

—Sería una pena que se supiera en las Vías que has estado informando sobre todos tus amigos criminales desde hace un par de años—.

—¿Qué?—, dijo Devaki, adolorido e indignado. —¡Eso es mentira!—

—Claro que lo es—, dijo Vi, —pero conozco a las personas adecuadas para esparcir el rumor. Muchas personas escucharán si hago saber que el guardián te compró—.

—Moriría en un día si haces eso—, protestó Devaki.

—Ya estás entendiendo—, dijo Vi. —Dime lo que quiero saber. Me aseguraré de que se sepa que te resististe al arresto. Incluso te dejaré un ojo morado para que parezca que te di una paliza—.

Devaki encogió los hombros, sabiendo que no podía seguir desafiándola.

—Bien, te diré lo que quieres saber—.

—Excelente—, dijo Vi, —así es como me gusta—.

Referencias

 v · e