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Historia corta

Bajo Cero

Por David Slagle

Me despierto de repente, como cuando una historia comienza en plena acción.

Lore

Me despierto de repente, como cuando una historia comienza en plena acción.

La canción. ¡La escuché!

—¡Willump Willump!—, grito. —¡Volví a escuchar la canción! ¡Despierta!—.

Hago a un lado la nieve que teníamos de cobija y veo a la cara a mi esponjorroroso amigo. Sus bigotes se mueven, como si pudieran sentir que mi sueño desaparece lentamente. Él gruñe y su aliento hace remolinos de todo tipo de formas. Pero aunque es viejo y tiene pelos en las orejas, ¡es mi mejor amigo! Me río cuando me hace cosquillas en la nariz con su barba.

¡No hay nada como un yeti mágico para devolverme a la realidad!

Willump se da la vuelta y comienza a rascarse su barriga quejumbrosa. —Siempre estás pensando en comida—, digo, riendo otra vez. Reírse se siente bien, me ayuda a recordar.

A mi mamá...

Hemos estado siguiendo su canción por todo el Fréljord... la canción del corazón de mi mamá. En todos los lugares que estuvimos, ella hizo un verso; si tan solo pudiera recordar cuál era cada lugar, podría encontrar el camino de regreso a ella. ¡Podría salvarla, como uno de los héroes de sus historias!

Pero solo puedo recordar fragmentos de la canción cuando no lo intento, y a veces... es como si mi mamá estuviera ahí afuera, cantando.

¡Justo así! ¿Escuchaste eso?

—Viene de esa aldea—, grito, señalando hacia una zona oscura, debajo de una cascada congelada. Algo en mi interior sabe que de ahí vino la canción. —Primero la espada, Willump, ¡así cortaré el viento!—.

Momentos después, me estremezco conforme entramos al claro, a pesar de que estoy cubierto por pelaje desaliñadado. A pesar de estar muy cerca, la aldea es casi toda sombras. No hay personas... lo sabría si estuvieran ahí porque hace tanto frío que podría ver su aliento. —¿Qué es este lugar?—, pregunto.

Willump gruñe sabiamente.

—¿Naljaäg'? No se puede llamar así. ¿Cómo podría alguien deletrearlo?—. Entonces, Willump gruñe, diciéndome que esa es la palabra yeti que significa —piedra—.

Las edificaciones son piedras amontonadas que alcanzan una gran altura, y los senderos también son piedras. Piedras, entendido. Entonces... no es raro que las flores estén talladas en piedra, ¿cierto? Y esas pieles, colgadas en una puerta. ¡Y esa vieja cuerda! Bueno, sería una cuerda si no fuera dura y gris.

—¿Todo lo que hay aquí son piedras?—, pregunto. No es justo... las piedras en las historias suelen tener runas talladas, o algo.

Comienzo a preguntarme por qué la canción me trajo aquí, cuando finalmente veo a una persona, ¡está de espaldas bajo un arco!

—¡Me llamo Nunu Nunu, y estoy aquí para ayudar!—, grito y jalo del hombro de la persona... pero cuando se derrumba hacia la luz con un tonk apagado, me percato inmediatamente de que... ¡también es de piedra!

Y...

Más allá del arco están todas las personas faltantes de la aldea, agrupadas como estatuas. Hay uno que luce como un guerrero, solo que ahora es apagado y gris. Hay un granjero y su esposa, abrazándose con fuerza, como si los hubieran tallado en un solo bloque. Una niñita, una piedrita al lado de ellos.

Es una maldición, una verdadera.

—Willump—, digo. —¡Debemos hacer algo!—.

Eso es lo que ocurre con las canciones de mamá. Mis favoritas siempre fueron las de leyendas y héroes, más que las batallas contra cualquier maldición. Con las lecciones que aprendí, podemos salvar a estas personas, ¿no es así? Tengo que creerlo, de otra forma... ¿Cómo voy a salvarla a ella?

Recuerdo una canción, un mito sobre cómo Avarosa curó a la tortuga que lleva el mar, dándole un gran beso. Pero... no quiero que mi primer beso sea con una estatua. Por si acaso, hago que Willump les dé un beso y observo cómo la piedra se pega a su pelaje.

Intento decir las oraciones que me enseñó Lissandra Lissandra, por si las dudas. Hago un dragón de nieve para asustar a la maldición, ¡tal como hizo Anivia Anivia para pelear contra el ejército del sur! Incluso intento acercar más el sol, justo como Braum Braum lo hizo para descongelar a su aldea en la canción que cantaba mi mamá. Pero el sol está muy lejos.

Los brazos de Braum deben ser muy largos.

Willump intenta consolarme. Dice que algunas maldiciones no se pueden romper. A veces, los héroes no ganan. Pero recuerdo lo que verdaderamente importa. Puedo sentirlo, a pesar de que mi mamá esté desaparecida y nuestra caravana enterrada en la nieve. La sensación de sentirse amado.

¡Eso es lo que esta aldea se merece!

—Si no podemos ayudar a estar personas—, le digo a Willump —entonces, ¡tendremos que ayudar a estas estatuas!—.

Sonrío y tomo mi flauta. Digo, ¡mi espada! ¡Svellsongur Svellsongur!

¡Hora del héroe! ¡Ja!

Puedo oler la maldición, un hedor detestable, como a trol trol. Tiene el peso de siglos; un peso que podría reducir los años que tiene este chico a tan solo días. Este es el lugar donde incluso los héroes de la canción se preguntarían cómo pueden pelear si sus espadas son inútiles contra la magia ancestral.

Pero Nunu no es un héroe común. Él es algo mejor.

¡Es un niño!

Grita y llama mi atención hacia la cascada congelada sobre nosotros. Ahora, estamos lo suficientemente cerca para verlos, anidados en la quietud. 20px Rocosos, criaturas de piedra animadas por la magia. Una aldea como esta es más que un hogar para ellos.

Su nido estancó el flujo del agua, reteniendo el sustento del Fréljord. Puedo saborear las intenciones de Nunu.

Saben a rocosos. Deliciosas.

—¡Oigan, cangrejos de piedra! ¡Ustedes tomaron algo de esas estatuas!—, grita Nunu y brinca sobre mi espalda sin perder el ritmo, porque la música está en su corazón.

Ahora, la magia es suya. Dejándome llevar por su imaginación, la nieve se forma ante nosotros, ¡convirtiéndose poco a poco en una poderosa bola de nieve! Me río mientras divagamos alocadamente, nuestra alegre carga crece tanto que, debajo de nosotros, la aldea se estremece y las edificaciones despiertan. Y la bola de nieve se hace aún más grande. Los rocosos solo producen ligeros chillidos mientras saltamos por los aires hasta la cima de la cascada, ocultando el sol.

El Fréljord se vuelve blanco y la nieve abraza la represa mientras la destruye.

Y entonces, la tierra ruge.

Las estalactitas crujen como huesos quebradizos por el invierno. El rugido se vuelve más estruendoso mientras el río tose y limpia el polvo de su garganta, con agua cayendo a la aldea de abajo.

—¿Viste eso, Willump?—, pregunta Nunu. Pero mis ojos ya están cerrados.

Puedo sentir una magia más poderosa que la maldición brotando para inundar la aldea. Hace estremecer mi pelaje y aporta calor a un mundo helado. Es la única magia que puede salvar al Fréljord. Incluso los congelados sueños de mi gente, codiciados por la Guardia Helada, palidecen en comparación con esta magia, que se da en abundancia en un niño.

Esperanza.

Sus brazos me rodean, y lo abrazo de vuelta con mis cuatro extremidades, alejando la mirada para que no pueda ver los copos de nieve que se deslizan por mis ojos.

La maldición no se ha roto. Pero de todas formas, la vida regresó. Y conforme se extiende, las flores de piedra se desvanecen para ser reemplazadas por las vivientes; ¿qué maldición podría interponerse en su camino? Ningún mal puede durar si la vida adopta a la alegría y se rehúsa a ocultarse...

Extiendo la mano hacia el suelo y recojo un pedazo de hielo, aplastándolo hasta hacerlo nieve entre mis patas.

—¡Oye!—, grita Nunu mientras lo golpeo en el rostro con una bola de nieve, persiguiendo la magia que se arremolina en su corazón.

Mientras jugamos, el viento genera una corriente que atraviesa la flauta que tiene Nunu en la espalda, tocando una melodía perdida. Finalmente, yo también la escucho.

La canción de ella.

Donde las aguas
Una vez rugieron,
Los vientos soplaron
Y piedras surgieron.
En la sombra,
Naljaäg yace.
El silencio canta.
La esperanza renace.

Referencias

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