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Alistar
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"¡No hay nada que me detenga!".
- Alistar Alistar

Alistar Alistar, que desde siempre fue un gran guerrero con una temible reputación, busca venganza por la muerte de su clan a manos del imperio noxiano. Aunque haya sido esclavizado y forzado a tener una vida de gladiador, su voluntad inquebrantable voluntad inquebrantable fue lo que impidió que se convirtiera en una bestia completamente. Ahora, libre de las cadenas de sus anteriores amos, pelea en nombre de los desamparados y desprotegidos usando tanto su furia como sus cuernos, pezuñas y puños como armas.


Minotauro

Muchas civilizaciones se resistieron ante Noxus, pero ninguna como los clanes de las montañas de la Gran Barrera. Aunque estos salvajes minotauros han protegido durante siglos las rutas comerciales terrestres de la antigua ciudad de Zaun Crest icon.png Zaun, prefirieron evitar los conflictos de Valoran de mayor proporción.

El noble guerrero Alistar tenía el respeto de todos los clanes. Sobre las cumbres, su rugido podía ahuyentar incluso a los intrusos más valerosos, y solo los insensatos lo enfrentaban en combate. Aun así, en los debates siempre instaba a los suyos a forjar lazos más fuertes con otras razas mortales. Muchos veían a los minotauros como poco más que bestias, lo que interfirió en sus interacciones y los mantuvo distanciados.

Entonces llegó Noxus con la promesa de algo mejor. Su emisaria, la matriarca de la Casa Tewain, proclamó que el imperio estaba listo para tomar Basilich, una ciudad costera del este. No obstante, ella juró que no harían esto sin el apoyo de los grandes clanes de las montañas y solicitó una negociación en una zona neutral.

Muchos de los minotauros estaban ansiosos por aceptar su oferta. La unión con Noxus Crest icon.png Noxus representaba una forma de obtener el poder y reconocimiento que buscaban.

Pero Alistar se mantuvo escéptico, pues se había enfrentado con muchos exploradores noxianos en los últimos años, y sabía que eran arteros y astutos. Por esta razón, su clan lo envió para que se reuniera con Tewain, junto con cincuenta de sus guerreros más fuertes, y rechazara cualquier alianza. Los otros clanes podían hacer lo que quisieran, pero Alistar no aceptaría el mandato de un “Gran General” lejano.

Bajo la bandera de tregua, él y los suyos fueron víctimas de una traición.

Los clanes más grandes ya le habían jurado lealtad a Noxus y sus representantes se pusieron en su contra tan pronto él dio a conocer su posición. La batalla fue rápida y sangrienta, y Alistar destrozó el cráneo de Lady Tewain con sus propias manos, pero pronto él y sus guerreros sobrevivientes fueron encadenados y llevados a la lejana capital noxiana, acusados de incitar a la rebelión.

Estos desafortunados minotauros fueron arrojados a las arenas de los gladiadores arenas de la capital, como parte de un siniestro festival de lucha a muerte conocido como La Carnaza.

Alistar quedó paralizado por el cántico de los sanguinarios espectadores. Le imploró a su clan que no contraatacaran, que no les dieran a estos noxianos la cruel demostración que tanto esperaban.

Cuando el festival terminó después de veintiún días, Alistar fue el único miembro de su tribu aún en pie. Con golpes de piedras y fruta podrida por parte de la multitud, arrastrado para enfrentar a un gladiador tras otro, lo obligaron a pelear como una bestia, y a pensar como tal. Mató sin parar hasta que los recuerdos de su hogar se mancharon con sangre.

Alistar había tocado fondo para cuando conoció a Ayelia, una joven sirvienta de las arenas. Al inicio, rugía y cargaba contra los barrotes de su jaula, esperando que se mostrara temerosa o que lo provocara como todos los demás, pero Ayelia no reaccionaba de ese modo.

Ella regresaba cada día y le hablaba con respeto y amabilidad, hasta que, al fin, Alistar le respondió de igual forma. Noxus también había reclamado la tierra natal de Ayelia y, tras ver lo que él sufrió, quedó convencida de que debían abandonar juntos esta cruel ciudad. Susurró sus planes entre los barrotes y, por primera vez en años, Alistar vio que podía pensar en su hogar sin enfocarse en la manera en la que se lo habían despojado.

Así, una noche, Ayelia le entregó a Alistar la llave de su celda. Ella hizo un gran sacrificio para ejecutar esta fuga, y él juró que la recompensaría con creces.

Se apresuraron al río, donde una barcaza de carga estaba lista para ellos. No obstante, al embarcarse, los agentes noxianos salieron de las sombras. Alistar se lanzó a la batalla, cegado por la ira y, aunque Ayelia lo llamó una y otra vez, no la escuchó.

Para cuando Alistar acabó con sus atacantes, la barcaza ya había desaparecido, junto con Ayelia, así que huyó a pie hacia el sur. Buscó por todos lados a la joven sirvienta, pero no la encontró. ¿Acaso la habrían capturado? ¿O asesinado? Parecía que ya no quedaban más pistas.

Semanas después, un golpe político sacudió al imperio hasta sus más oscuros cimientos y la fuga del minotauro de la arena quedó en el olvido.

Ahora, Alistar viaja solo, de forma tan desapercibida como puede, y alienta a la resistencia en las zonas controladas por los noxianos, además de pelear por los oprimidos y maltratados. Cuando se haya liberado de la pena en su corazón y haya devuelto cada acto atroz o bondadoso, entonces volverá a las montañas y dejará su furia atrás.

Y en cada ciudad por donde pasa, siempre pregunta por Ayelia.

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Referencias

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